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CORPORACIÓN EURO AMERICANA DE SEGURIDAD
CEAS MÉXICO

 

PREVENCIÓN Y AUTOPROTECCIÓN CIUDADANA.

Una necesidad y conveniencia personal.

Incertidumbre.  Desconfianza. Temor.  Miedo.  Estos son los fantasmas de nuestro tiempo, producto del clima de inseguridad que prevalece en la sociedad, que campean a sus anchas como un problema social creciente a la manera de una enfermedad contagiosa que afecta, de una manera u otra, en mayor o menor grado, a prácticamente toda persona en cualquier comunidad.

Fantasmas que alteran nuestras vidas, forzándonos a dejar de hacer cosas que nos gustaría hacer, como ir al cine, al teatro, o simplemente pasear por un parque.  Y también a hacer lo que en otra época, acaso más bucólica, hubiera sido impensable, por ejemplo, confinarse voluntariamente a  vivir y trabajar detrás de rejas, o adquirir recursos de protección personal, tales como sistemas de video vigilancia, cercas electrificadas, blindajes, e incluso armas de fuego.

Fantasmas que atentan contra nuestra necesidad de mayor prioridad, después de las básicas de casa y sustento:  la certeza de nuestra vida y la conservación de nuestras posesiones, adquiridas a base de un gran esfuerzo.  Lo cual socava la base de confianza en que se sustenta cualquier sociedad, y por ello da lugar a un reclamo social cada vez más intenso y generalizado hacia las instituciones responsables de garantizar los legítimos derechos ciudadanos a la seguridad.

Reclamos sociales que por lo general están enfocados a los fenómenos de delincuencia, de tal manera que su demanda básicamente se orienta a exigir, con total razón y fundamento legal y social, un mayor dinamismo y eficacia por parte de las instituciones para detener a los agentes antisociales causantes de los mismos.  Esto en virtud de la responsabilidad monopólica, fundamental e ineludible del Estado para garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

Sin embargo, a pesar de lo legítimo y fundado de estos reclamos, por lo regular adolecen de un defecto, que parten de una visión y posición unilateral, y de alguna manera cómoda, acerca del problema de la inseguridad, exigirle a las instituciones, y esperar a que den una solución satisfactoria y expedita al mismo.

La razón de este defecto, es que en el mundo real existe un factor limitante inevitable para enfrentar no sólo el problema de la inseguridad, sino cualquier otro problema social, y es la INSUFICIENCIA:  de personal, de herramientas, de presupuesto y, en este caso en particular, de conveniencia y aceptación social.

Por ello, no es posible ni conveniente, si se quiere tener verdaderas posibilidades de éxito, el depender totalmente de las instituciones para hacer el trabajo.  Se requiere de alguna forma de aportación adicional que ayude a subsanar las condiciones de insuficiencia.  Se requiere que el ciudadano también ponga algo de su parte.

La ocasión hace al ladrón” reza el dicho popular, y este es precisamente el sentido de lo que puede aportar el ciudadano común para enfrentar al problema de la inseguridad:  no darle al delincuente la oportunidad de hacer sus fechorías.  Y para ello, no se requiere ni grandes conocimientos, o esfuerzos, o correr riesgos innecesarios.

Simplemente se requiere poner en práctica ciertas medidas y previsiones, orientadas a evitar esos errores y omisiones que exponen a la persona a riesgos y peligros.  Medidas y previsiones que constituyen la base de la Cultura de la Previsión y Autoprotección Ciudadana, la cual plantea una involucración activa del ciudadano en su entorno personal, como manera de colaboración con las instituciones en la solución global del problema de la inseguridad.

La forma que adoptan estas medidas y previsiones, se ubica en dos líneas básicas:  la de prevención, orientada a anular, evitar o al menos reducir las posibilidades de riesgo, y la de autoprotección, complementaria de la anterior, y que sólo demanda la puesta en práctica de dichas medidas y previsiones proyectadas.

A manera ilustrativa de estas formas, el ejemplo de una medida de prevención, podría ser la colocación de un paso peatonal, y el ejemplo de una medida de autoprotección, sería usar dicho paso peatonal.  Otros ejemplos similares son:  prevención es colocar una cerradura de seguridad, autoprotección es usarla;  prevención es colocar extintores de fuego, autoprotección es saber usarlos.

La elaboración de estas medidas sólo requiere de un esfuerzo mínimo por parte del ciudadano, encauzado a analizar y reflexionar acerca de sus propias condiciones de riesgo, para establecer dichas previsiones con mayores perspectivas de efectividad.  La mayor exigencia es el cambio de una actitud pasiva por otra preactiva, en que la persona está dispuesta a pensar y actuar diferente, dejando de preocuparse por y empezando a ocuparse en.

Es posible describir esta forma de actitud proactiva, que se podría considerar como típica de esta cultura de prevención y autoprotección ciudadana, parafraseando al extinto presidente Kennedy en términos de “no esperar a que alguien nos resuelva el problema, sino buscar la manera en que se puede colaborar a resolverlo”.

La adopción de esta cultura no supone que el ciudadano tome el lugar de las corporaciones públicas, sino por el contrario intensifica su reclamo por una mayor eficiencia en el cumplimiento de sus responsabilidades, ya que de fondo este esfuerzo ciudadano constituye una reacción a la realidad de las insuficiencias institucionales, muchas veces agravadas por condiciones de deficiencia, cuando no de franca corrupción.

De hecho, estas medidas y previsiones son el resultado de iniciativas personales, puestas en práctica ya sea de manera individual o en conjunto con otros ciudadanos, y que se pueden establecer con el apoyo de las instituciones, sin la participación de las instituciones, o a pesar de las acciones de las instituciones.

Por ello este enfoque de participación ciudadana proactiva aporta una innovación de sentido social, la transformación del ciudadano en un elemento colaborador a la solución del problema de la inseguridad, con una condición de igualdad y no como subordinado de las instituciones, bajo la premisa de que, por su efecto global sobre la sociedad, LA SEGURIDAD ES UN ASUNTO DE TODOS.

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PERFIL DE LA CULTURA DE PREVENCIÓN Y AUTOPROTECCIÓN CIUDADANA

ESCENARIO

PRÁCTICAS RECOMENDADAS

Casa Segura

Integración del núcleo familiar con base en el afecto filial y apego personal, intensificando la comunicación abierta y comprensión mutua.  Planes de emergencia “que hacer si”.  Se orientan a prevenir riesgos de adicciones, violencia intrafamiliar, dispersión en situaciones de desastre, así como cualquier forma de agresiones contra el núcleo familiar (robos, asaltos, secuestros o “metiches”).

 

Calle Segura

Alianzas de apoyo mutuo dentro del espacio vecinal, aprovechando la circunstancia inevitable de coincidencia en el mismo espacio, con base en un sentido de conveniencia recíproca, y no de afectos o simpatías.  “Me conviene aliarme, porque son los que siempre están ahí, me guste o no”.  Se orientan a prevenir riesgos de intrusiones o agresiones contra los vecinos o sus propiedades (robos, asaltos, secuestros, etc.).

 

Comunidad Segura

Integración de grupos familiares, vecinales o comunitarios, con coincidencias de visión, convicción y disposición hacia los problemas de seguridad, para establecer programas de acción coordinada de todo tipo, desde planes para casos de emergencia o desastre, alianzas vecinales, e incluso la promoción de acciones civiles e iniciativas de ley en la materia.  Se orientan a despertar la conciencia social y activar las acciones civiles por parte de la ciudadanía (reclamos, fiscalización a las instituciones, iniciativas de ley, etc.), y su forma típica son las organizaciones sociales.

 

 

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