Seguridad, un factor de Competitividad
Publicado en la revista Mas Seguridad, en la edición de Junio de 2008

Hace algunos años el propietario de una fábrica de ropa decidió mejorar la seguridad de su negocio con una serie de medidas y previsiones de protección patrimonial, entre las cuales incluía asegurar la continuidad de su operación. Como parte de ello, invitó a participar a quien le hacía llegar las telas importadas desde Veracruz cada semana, amigo y compadre de muchos años, pues toda su operación dependía de su único vehículo. Pero aquél no quiso aplicar alguna medida adicional porque le dijo que todo lo tenía asegurado, burlándose incluso de que la factoría gastaba mucho en algo inútil, refiriéndose a la seguridad.

Poco tiempo después, el transportista fue asaltado, perdió vehículo y carga, ante lo cual el propietario de la fábrica se alarmó, pero el compadre lo tranquilizó, no se preocupe, no vamos a perder nada, porque el seguro nos pagará todo. Y efectivamente, al cabo del tiempo correspondiente el seguro le cubrió un buen porcentaje del valor de lo perdido, automotor y mercancía. Con ello, y poniendo algo de su bolsillo, el hombrecamión adquirió una nueva unidad, encargó otra remesa de telas, y muy contento se presentó con su amigo. Compadre, ya estoy aquí con todo lo que nos robaron, porque ya pagó el seguro.

El fabricante recibió con mucho gusto al amigo, alegrándose de lo recuperado, pero le dijo: Caramba, compadre, me da mucha pena, pero ya contraté a otra persona para que me traslade las telas. El transportista obviamente se alteró y le dijo: no la ´amuele´ compadre, si hemos trabajado muchos años, ¿por qué me hace esto?.

La respuesta fue: Perdóneme, pero no podía tener parada la fábrica tanto tiempo. A esto aquél respondió: Bueno, lo entiendo, pero ya estoy aquí, así que ya puede cortar con aquel y volvemos a trabajar como antes. Pero entonces recibió una respuesta inesperada: Perdóneme otra vez, pero el nuevo transportista me cobra 20% menos que usted. Y el compadre, amigo de muchos años, perdió el negocio.

Los efectos de la inseguridad en personas y propiedades, que se manifiestan como lesiones, daños y pérdidas, además de sus repercusiones emocionales, representan un impacto financiero para los negocios, en la forma de costos por concepto de indemnizaciones o sustitución de personas, reparación de daños y restitución de bienes. Costo no sólo en términos de dinero, sino en el tiempo requerido para la recuperación y restauración de la operación, que incluso llegan a afectar la posición de negocio, en especial en un entorno con alto grado de competencia, en el cual si no estoy ahí para hacerlo, alguien más ocupará ese lugar. Como el caso del compadre transportista.

En este sentido, el costo real de la inseguridad tal vez sea mucho mayor a 15% del producto interno bruto del país (PIB), como lo ubican las cifras oficiales, porque su repercusión suele ir más allá del valor de los bienes perdidos, que de alguna manera es más fácil de calcular, al afectar los intereses y la posición de negocio, cuyo valor es más difícil de cuantificar, hasta que es demasiado tarde. De aquí la conveniencia de invertir en la adopción de medidas y previsiones de seguridad, entendida por muchos empresarios como un recurso de competitividad, esto es no sólo con el propósito de proteger físicamente su patrimonio, sino también de mantenerse en funcionamiento y presente en el mercado.

Instaurar medidas y previsiones de seguridad llega a representar hasta 50% de los costos de operación, sin que, en apariencia, se agregue algún valor, sino sólo para conservarlo. Por ello se requiere de una selección adecuada de soluciones que proporcionen la mayor efectividad, para ello el enfoque con mayores perspectivas de beneficio es el de más vale prevenir que remediar, al evitar que los riesgos ocurran, más que enfrentarlos. De todo esto se plantean un par de interrogantes de fondo: ¿cuánto se debe gastar?, y ¿cómo se deber gastar?, a fin de mantener un equilibrio razonable del binomio costo beneficio.

La respuesta a la primera duda se obtiene a su vez de dos preguntas: ¿cuánto vale lo que quiero proteger?, y ¿cuánto me cuesta protegerlo? Entendiendo como valor no sólo el costo de restitución o recuperación de los bienes, sino el precio de tenerlo o no tenerlo, para efectos de conservar la posición de negocio bajo las condiciones de competencia en su contexto de mercado.

Asimismo, la respuesta al segundo planteamiento se basa no en gastar más, sino en gastar mejor, de acuerdo a las necesidades reales, y considerando que ningún producto da una solución absoluta, sino que todos tienen ventajas y desventajas, fortalezas y debilidades, de acuerdo al propósito para el cual se diseñaron.

Finalmente, también resulta conveniente considerar que cualquier medida o previsión implementada es sólo una solución de prevención, que únicamente será efectiva si se utiliza bajo una práctica de autoprotección, pues en caso contrario, sólo será un gasto inútil. Un ejemplo de esto lo podemos proyectar de la siguiente manera en cuanto a riesgos peatonales: Prevención es construir un paso peatonal, autoprotección es usarlo.

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