Seguridad en logísica, opción o necesidad
Publicado en la revista Más Seguridad, en la edición de Febrero de 2009

El negocio de logística constituye una actividad muy relevante y sobre todo productiva para el desarrollo y progreso de cualquier País. Muestra de ello es que en su forma mas común, el autotransporte de carga, representó un negocio de 26.3 mmdd en 2006, lo que equivale a casi el 3% del PIB en México ese año, medido de acuerdo al Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (NAICS, por sus siglas en inglés)[1].

Asimismo esta actividad de negocio es relevante en virtud de que constituye un factor de viabilidad social por su función de llevar bienes de los centros de producción a los de consumo, lo que sustenta la actividad económica e incluso la propia subsistencia del conglomerado social, de una manera similar a como la sangre sustenta la existencia del organismo humano, a través de acarreo y distribución de nutrientes.

En términos operativos, el impacto del transporte se deriva de que representa el 16.6% del costo, el 19.8% del nivel de servicio, el 7.3% del tiempo de ciclo, y el 13.2% de la calidad en la Cadena de Suministro[2]. Lo que se materializó por el desplazamiento de 473.9 millones de toneladas de todo tipo de bienes en México durante 2007, que equivale al 86.5% del total de la carga transportada en ese año[3].

Por lo general, las operaciones de transporte no las realizan los propietarios de los bienes, sino ciertos especialistas contratados para tal propósito, los transportistas, que en 2005 en México se tenían registrados alrededor de 108 mil permisionarios, 12 mil empresas y 96 mil personas físicas, operando un parque vehicular de 483 mil vehículos, 279 mil unidades motrices y 204 mil unidades de arrastre[4].

De tal manera que la suerte de los bienes, y de alguna manera del negocio de sus propietarios, es incierta durante los momentos en que se transporta, ya que dependen de que un ajeno a sus intereses, el transportista, haga bien su trabajo y los proteja hasta su entrega en su destino. Confiar y esperar, según aconsejaba el Conde de Montecristo.

Sin embargo, para estos efectos se proyectan indicadores de siniestralidad no muy alentadores, ya que, por citar una vertiente de estos fenómenos, el número de accidentes en camiones pesados presenta una tendencia creciente, con 835 víctimas fatales en 2007, lo que representa un 7.5% del total en todo tipo de actividades de transporte, con un índice de mortalidad de 2.1 víctimas por cada 10,00 vehículos[5].

Asimismo, en la otra vertiente de los fenómenos de siniestralidad, los robos, también se presenta una tendencia creciente, tanto en número como en prácticas de violencia por la delincuencia. Donde cada posibilidad de siniestro proyecta alguna forma de impacto a los intereses de negocio, e incluso de quebranto patrimonial en un caso extremo de pérdida de los bienes.

Por ello es conveniente contemplar algunos aspectos de seguridad en la operación del transportista, al momento de valorar y eventualmente seleccionar entre las posibles ofertas de servicio de transportistas, como los siguientes:

  • Los antecedentes de siniestralidad en el manejo de bienes similares a los del contratante, de preferencia comprobables por medio de una instancia no vinculada a los intereses de negocio del transportista.
  • La aplicación de pruebas de confiabilidad, toxicológicas y similares a los conductores de los vehículos, a fin de reducir riesgos de imprudencia, infidencia, e incluso colusión con elementos criminales.
  • La aplicación de prácticas de reducción de riesgos, tales como límites de velocidad, evitar paradas innecesarias o no programadas, selección aleatoria entre una diversidad de rutas, asignar y mantener conductores autorizados, jornadas de viaje no extenuantes, custodias, etc.
  • El uso de alguna forma de mecanismo de localización que permitan detectar con oportunidad contingencias y evitar la pérdida de bienes y vehículo, y no sólo facilitar su eventual recuperación.
  • El acceso al sistema de seguimiento de los vehículos (monitoreo) para el contratante de los servicios de transporte.

Para lo cual es importante tomar en cuenta que la adopción de medidas y previsiones de seguridad implican un costo adicional para el transportista, que no le representa un beneficio directo, por lo que no en todos los casos están dispuestos a asumir, a menos que estén convencidos de que les conviene para el negocio, o se vean obligados a hacerlo por alguna forma de normatividad.

En este sentido no se debe perder de vista que el negocio del transporte es ante todo un negocio que pretende obtener beneficios con un mínimo de costos. Lo que en algunos casos se suele procurar mediante el aprovechamiento al máximo de los recursos humanos y materiales, esto es conductores y vehículos, incluso con prácticas y condiciones inseguras, que pueden redundar en riesgos para personas y bienes.

Las cifras de siniestralidad proporcionadas por organizaciones de seguros e instituciones de seguridad, en ocasiones gráficamente ilustradas por los medios masivos de comunicación en sus notas de accidentes y delitos, así como la proporción de unidades equipadas con mecanismos de localización, son muestra fehaciente de las insuficiencias de seguridad en las empresas de transporte.

En este último rubro, de acuerdo a cifras de la Asociación Mexicana de Empresas de Seguridad e Industria Satelital (AMESIS), a Noviembre de 2007 existían alrededor de 150 mil equipos de localización, con un 60% al 70% de estos equipos instalados en vehículos dedicados al autotransporte de carga, lo que representa una cobertura de apenas el 37% de las unidades motrices registradas, en el mejor de los casos.

El negocio del transporte es muy productivo, al grado de crear grupos con poder de influencia social, como ha sido el caso de los Teamsters de Jimmy Hoffa en los Estados Unidos, o las Uniones de Transportistas en Europa y Sudamérica, que pueden paralizar a un país. Y al igual que empresarios en otros ámbitos de negocio deciden que riesgos prevenir y cuáles asumir, en aras de obtener mayores beneficios.

De aquí que la decisión de quien contrata los servicios de un transportista, puede variar entre aceptar los riesgos que ésta ha decidido correr con bienes que NO son de su propiedad, para aprovechar condiciones económicas muy favorables, esencialmente bajos precios, o bien establecer requerimientos de seguridad que el transportista debe cubrir, aun cuando el precio del servicio sea razonablemente mayor.

Si bien la exposición y la prevención de los riesgos contra los bienes es algo que está totalmente en manos del transportista, su propietario no necesariamente está restringido a preocuparse, ya que puede ocuparse, si decide valorar condiciones de seguridad al elegir al transportista. Lo que equivale a la diferencia entre sufrir o elegir los riesgos a que expone su negocio, dependiendo si considera que la seguridad es una opción o una necesidad


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[1] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT.

[2] Artículo publicado en la revista: Negocios Internacionales BANCOMEXT, Número 168, Marzo 2006, Año 15, págs. 11-17. México, por Elías Jiménez y Alejandra Gutiérrez.

[3] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT.

[4] Dirección General de Autotransporte Federal, SCT.

[5] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT

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