Seguridad para el negocio del transporte
Publicado en la revista Seguridad en América, en la edición de Marzo - Abril de 2009
¿Sabe usted dónde están sus bienes?

El negocio del transporte constituye una actividad productiva no sólo muy relevante sino fundamentalmente sustantiva para el desarrollo y progreso de cualquier País. Desde una perspectiva económica, la mejor muestra de su relevancia son los resultados alcanzados en su forma mas común, el autotransporte de carga, que representó un negocio de 26.3 mmdd en 2006, lo que equivale a casi el 3% del PIB de nuestro País en ese año, medido de acuerdo al Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (NAICS, por sus siglas en inglés)[1].

A su vez, desde la perspectiva de su contribución al bienestar comunitario, el negocio de transporte es relevante en virtud de que constituye un factor de viabilidad social por su función de llevar bienes de los centros de producción a los de consumo, lo que sustenta la actividad económica e incluso la propia subsistencia del conglomerado social, de una manera similar a como la sangre sustenta la existencia del organismo humano a través del acarreo y distribución de nutrientes.

Desde un punto de vista meramente operativo, la contribución del transporte a los procesos sociales asociados a la Cadena de de Suministro[2] representa el 16.6% del costo, el 19.8% del nivel de servicio, el 7.3% del tiempo de ciclo, y el 13.2% de la calidad en la misma. Lo que se materializó por el desplazamiento de 473.9 millones de toneladas de todo tipo de bienes en México durante 2007, que equivale al 86.5% del total de la carga transportada en ese año[3].

En su mayor parte, las operaciones de transporte no las llevan a cabo los propietarios de los bienes, sino ciertos especialistas contratados para tal propósito, los transportistas, de los que en 2005 en México se tenían registrados alrededor de 108 mil permisionarios, operando como 12 mil empresas y 96 mil personas físicas, y con un parque vehicular de 483 mil vehículos, compuesto por 279 mil unidades motrices y 204 mil unidades de arrastre[4].

Bajo estas condiciones se tiene que la suerte de los bienes, y de alguna manera del negocio de sus propietarios, es incierta durante el tiempo de su transportación, a lo largo del cual dependen de que alguien ajeno a sus intereses, el transportista, haga bien su trabajo y los proteja hasta que los entrega en su destino. Una situación de confiar y esperar, según aconsejaba el Conde de Montecristo.

El principal problema es que para esta perspectiva se proyectan indicadores de siniestralidad poco alentadores ya que, por citar una vertiente de estos fenómenos, el número de accidentes en camiones pesados manifiesta una tendencia creciente, con 835 víctimas fatales en 2007, lo que representa un 7.5% del total en todo tipo de actividades de transporte, con un índice de mortalidad de 2.1 víctimas por cada 10,00 vehículos[5].

En otra vertiente de los fenómenos de siniestralidad, los robos, también se proyecta una tendencia creciente, tanto en el número de casos como en la manifestación de prácticas de violencia por la delincuencia. Para lo cual cada posibilidad de siniestro proyecta alguna forma de impacto a los intereses de negocio, e incluso de quebranto patrimonial en un caso extremo de pérdida de los bienes.

De aquí que es conveniente considerar a la integración de medidas y previsiones de seguridad en la operación del transportista, como elemento de juicio al momento de valorar y eventualmente seleccionar entre la diversidad de ofertas de servicio de transportistas, como pueden ser las siguientes:

  • Los antecedentes de siniestralidad del transportista en el manejo de bienes similares a los del contratante, que de preferencia puedan comprobarse a través de una instancia no vinculada a los intereses de negocio del transportista.
  • Si el transportista aplica pruebas de confiabilidad, toxicológicas y similares a los conductores de sus vehículos, con el propósito de reducir riesgos de imprudencia, infidencia, e incluso colusión con elementos criminales.
  • Si el transportista aplica prácticas para la reducción de riesgos en la operación, tales como respetar los límites de velocidad, evitar paradas innecesarias o no programadas, selección aleatoria entre una diversidad de rutas, asignar y mantener conductores autorizados, jornadas de viaje no extenuantes, custodias, etc.
  • Si el transportista emplea alguna forma de mecanismo de localización que permita detectar con oportunidad contingencias y evitar la pérdida de bienes y vehículo, y no sólo facilitar su eventual recuperación.
  • Si el acceso al sistema de seguimiento de los vehículos (monitoreo) está disponible para el contratante de los servicios de transporte.

Lo que de alguna manera equivale a asumir la posición de un padre preocupado por sus hijos, que al menos tiene el interés de preguntarse, parafraseando aquella advertencia televisiva de los años 70s, ¿Sabe usted en dónde están sus bienes? Aunque ciertamente también hay padres que no tienen tal interés, y simplemente los dejan libres suponiendo que harán lo correcto, lo que sea que signifique tal cosa. Y que con mayor probabilidad suelen ser los más sorprendidos cuando algo sale mal.

En este sentido es importante considerar que la adopción de medidas y previsiones de seguridad implican un costo adicional para el transportista, que aparentemente no le representa un beneficio directo, de tal suerte que no en todos los casos están dispuestos a asumirlo, a menos que estén convencidos de que les conviene para el negocio, o se vean obligados a hacerlo por alguna forma de normatividad.

De la misma manera, no se debe perder de vista que el negocio del transporte es ante todo un negocio que pretende obtener beneficios con un mínimo de costos. Lo que en algunos casos se suele hacer mediante la explotación al máximo de los recursos humanos y materiales, esto es conductores y vehículos, incluso con prácticas y condiciones inseguras, que pueden redundar en riesgos para personas y bienes.

Las estadísticas de siniestralidad elaboradas por las organizaciones de seguros e instituciones de seguridad, principales afectadas en la materia, y que en muchas ocasiones son gráficamente ilustradas y enfatizadas por los medios masivos de comunicación en sus notas de accidentes y delitos, así como la proporción de unidades equipadas con mecanismos de localización respecto al total de unidades en operación, son una muestra clara e incuestionable de las insuficiencias que existen en materia de seguridad en las empresas de transporte.

De acuerdo a cifras de la Asociación Mexicana de Empresas de Seguridad e Industria Satelital (AMESIS), a Noviembre de 2007 existían alrededor de 150 mil equipos de localización, con un 60% al 70% de estos equipos instalados en vehículos dedicados al autotransporte de carga, lo que representa una cobertura de apenas el 37% de las unidades motrices registradas, en el mejor de los casos. Lo que en términos llanos significa que el 73% de las unidades de transporte mantienen en la incertidumbre a sus clientes durante el traslado de los bienes.

Es evidente que el negocio del transporte es muy productivo, al grado de que ha llegado a crear grupos con gran poder de influencia social, como fue el caso de los Teamsters de Jimmy Hoffa en los Estados Unidos, o las Uniones de Transportistas en Europa y Sudamérica, que han llegado a paralizar a un país. Y que al igual que los empresarios en otros ámbitos de negocio deciden que riesgos prevenir y cuáles asumir, a fin de obtener mayores beneficios.

De aquí que la decisión de quien contrata los servicios de un transportista es muy clara, y varía entre aceptar pasivamente los riesgos que éste último ha decidido correr con bienes que NO son de su propiedad, y con ello obtener beneficios económicos que esencialmente consisten en bajos precios, o bien exigir requerimientos de seguridad que el transportista debe cubrir, aun cuando el precio del servicio sea razonablemente mayor.

En principio, la exposición y la prevención de los riesgos contra los bienes es una prerrogativa que está totalmente en manos del transportista como dueño del negocio, pero no por ello el propietario de los mismos necesariamente está limitado a solo preocuparse, ya que también puede ocuparse influyendo en dicho negocio, si es que decide valorar el aspecto de condiciones de seguridad al elegir al transportista.

Decisión que puede marcar una gran diferencia entre sufrir o elegir los riesgos a que expone su negocio, y que a fin de cuentas puede repercutir en términos de conservar e incluso mejorar su posición en el mercado, o perderla.

Lo que convierte a la seguridad en un factor de competitividad para el negocio del transporte, que como muchos otros puede ser incorporado y bajo ciertas condiciones favorablemente aprovechado, o bien ignorado, y jugársela asumiendo los riesgos consecuentes. Que suelen ser muy perjudiciales.

Por ello cabe la reflexión, como propietario del transporte, ¿sabe Usted dónde está su patrimonio? ¿Sabe Usted cómo usan su patrimonio? Y como dueño de los bienes ¿sabe Usted donde están sus bienes? Seguros y en camino a su destino, o corriendo a alta velocidad sobre una autopista solitaria, o solos en el estacionamiento de un bar a la orilla del camino, expuestos a ... lo que sea


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[1] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT.
[2] Artículo publicado en la revista: Negocios Internacionales BANCOMEXT, Número 168, Marzo 2006, Año 15, págs. 11-17. México, por Elías Jiménez y Alejandra Gutiérrez.
[3] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT.
[4] Dirección General de Autotransporte Federal, SCT.
[5] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT.

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