Seguridad para el negocio del transporte.
Publicado en la revista de la CANACAR, en la edición de Agosto de 2009

El transporte constituye una actividad productiva no sólo muy relevante sino fundamentalmente sustantiva para el desarrollo y progreso de cualquier país.

A partir de una perspectiva económica, la mejor muestra de su importancia son los resultados alcanzados en su forma más común, el autotransporte de carga, que representó un negocio de 26.3 mmdd en 2006, lo que equivale a casi el 3% del PIB mexicano en ese año, medido de acuerdo al Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (NAICS, por sus siglas en inglés)[1].

Desde un punto de vista meramente operativo, su contribución a los procesos sociales asociados a la cadena de suministro[2] representa el 16.6% del costo, el 19.8% del nivel de servicio, el 7.3% del tiempo de ciclo, y el 13.2% de la calidad en la misma. Lo que se materializó por el desplazamiento de 473.9 millones de toneladas de todo tipo de bienes en México durante 2007, que equivale al 86.5% del total de la carga en ese año[3].

En su mayor parte, estas operaciones no las llevan a cabo los propietarios de los bienes, sino especialistas contratados para tal propósito, los transportistas, de los que en 2005 se tenían registrados alrededor de 108 mil permisionarios, operando como 12 mil empresas y 96 mil personas físicas, y con un parque de 483 mil vehículos, compuesto por 279 mil unidades motrices y 204 mil de arrastre[4].

Bajo estas condiciones, se tiene que la suerte de los bienes, y de alguna manera del negocio de sus propietarios, es incierta durante el tiempo de traslado, a lo largo del cual dependen de que un tercero los proteja hasta que son entregados en su destino. Una situación de confiar y esperar, según aconsejaba el Conde de Montecristo.

Por otra parte, indicadores de siniestralidad señalan que el número de accidentes en camiones pesados manifiesta una tendencia creciente, con 835 víctimas fatales en 2007, lo que representa un 7.5% del total en todo tipo de actividades de transporte, con un índice de mortalidad de 2.1 víctimas por cada 10 mil vehículos[5].

En relación a los robos, también se registra un aumento, tanto en el número de casos como en la manifestación de prácticas de violencia por la delincuencia; para lo cual, cada posibilidad de siniestro indica alguna forma de impacto a los intereses de negocio, e incluso de quebranto patrimonial en un caso extremo de pérdida de los bienes.

De aquí que es conveniente considerar la integración de medidas y previsiones de seguridad del transportista, como un elemento de juicio al momento de valorar y eventualmente seleccionar entre la diversidad de ofertas de servicio, como pueden ser las siguientes:

- Los antecedentes de siniestralidad en el manejo de bienes similares a los del contratante, que de preferencia puedan comprobarse a través de una instancia no vinculada al transportista.

- Si la empresa aplica a los conductores de sus vehículos, pruebas de confiabilidad, toxicológicas o similares, con el propósito de reducir el riesgo.

- Si toma precauciones, como respetar los límites de velocidad, evitar paradas innecesarias o no programadas, seleccionar aleatoriamente entre diversas rutas, asignar y mantener conductores autorizados, jornadas de viaje no extenuantes y custodias, entre otras.

- Si el transportista emplea alguna forma de mecanismo de localización que permita detectar con oportunidad contingencias y evitar la pérdida de los bienes y el automotor.

- Si el acceso al sistema de seguimiento de las unidades (monitoreo) está disponible para el contratante de los servicios.

Es importante considerar que la adopción de acciones de esta naturaleza implica un costo adicional para el transportista, por lo que no todos pueden asumirlo. De acuerdo con cifras de la Asociación Mexicana de Empresas de Seguridad e Industria Satelital (AMESIS), a noviembre de 2007 existían alrededor de 150 mil equipos de localización, con un 60% al 70% de estos equipos instalados en automotores de carga, lo que representa una cobertura de apenas el 37% de los vehículos registrados.

De aquí que la decisión de quien contrata a una empresa transportista es muy clara, y varía entre aceptar los riesgos que éste corre y con ello obtener beneficios económicos, que esencialmente consisten en bajos precios, o bien, exigir requerimientos de seguridad, aun cuando el precio del flete se incremente.

Por tal razón, el propietario de los bienes no necesariamente está limitado a preocuparse, sino que también debe ocuparse influyendo en dicha compañía, si es que decide valorar, al momento de elegir, las condiciones de seguridad que cada una ofrece.

Decisión que puede marcar una gran diferencia entre sufrir o elegir los riesgos, y que a fin de cuentas puede repercutir en términos de conservar e incluso mejorar su posición en el mercado, o perderla. Lo que convierte a la seguridad en un factor de competitividad para el negocio del transporte, que como muchos otros, puede ser incorporado y bajo ciertas condiciones favorablemente aprovechado.

Por ello, cabe la reflexión, como propietario del transporte, ¿sabe usted dónde está su patrimonio? ¿sabe usted cómo usan su patrimonio? Y como dueño de los bienes, ¿sabe usted dónde están sus bienes? Seguros y en camino a su destino, o expuestos a lo que sea.

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[1] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT.
[2] Artículo publicado en la revista: Negocios Internacionales BANCOMEXT, Número 168, Marzo 2006, Año 15, págs. 11-17. México, por Elías Jiménez y Alejandra Gutiérrez.
[3] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT.
[4] Dirección General de Autotransporte Federal, SCT.
[5] Base de Datos de Estadísticas de Transporte en América del Norte, SCT.

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