Farder@s, una plaga sin fin para centros comerciales
Publicado en la revista Seguridad en América, en la edición Octubre - Noviembre de 2009

L@s llamad@s farder@s constituyen una modalidad especializada de delincuentes que se encuadran en la categoría de los agentes externos en el fenómeno del robo hormiga, los cuales serán responsables del 54% de las pérdidas que sufrirán este año las tiendas de autoservicio y departamentales, que estimadas en alrededor de $11 mil millones de pesos, representan el 2% de las ventas totales de los socios de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales, la ANTAD, de acuerdo a su presidente, Vicente Yañez.

Desde una perspectiva global el fenómeno del robo hormiga se puede equiparar al del shoplifting en los Estados Unidos, con el que comparte algunas características de forma, aunque no de causas, por ejemplo que en éste país sólo el 3% de los responsables son profesionales, causantes del 10% de las pérdidas totales. Incluyendo en estos desde drogadictos hasta delincuencia organizada incluso al nivel de bandas internacionales. De aquí la conveniencia de conocer algo acerca del fenómeno.

De acuerdo a estudios del Centro Nacional de Aprendizaje y Recursos (National Learning & Resource Center) de la Asociación Nacional para la Prevención del Robo en Tiendas (National Association for Shoplifting Prevention, NASP), en los Estados Unidos cada año los establecimientos al menudeo sufren robos por $13 mil millones de dólares, realizados por alrededor de 27 millones de personas (1 de cada 11 de la población total del país), de los cuales alrededor de 10 millones han sido detenidos en los últimos cinco años.

Entre las características propias para los Estados Unidos se destaca que el 25% son menores y 75% adultos, y de estos el 55% inició sus robos en la adolescencia. La mayoría roban y compran en la misma ocasión con un valor promedio del robo entre $2 y $200 dólares, dependiendo del tipo de establecimiento, y sin premeditación en un 73% de de los adultos y 72% de los menores. Un detalle interesante es que entre éstos últimos el 89% conoce a otros menores que hacen lo mismo, y el 66% los acompaña.

La gran mayoría no son profesionales del robo ni lo hacen por necesidad sino como reacción a presiones sociales y personales, son sorprendidos solamente una vez de cada 48 que roban, y sólo la mitad de las veces son remitidos a la policía aunque roban en promedio 1.6 veces por semana. De hecho, una gran parte de estos roban más por la emoción de hacerlo que por los bienes en sí mismos, con una conducta similar a la adicción a las drogas, según lo manifiestan el 57% de adultos y 33% de menores.

Ejemplos muy conocidos y publicitados de estos casos, han sido el caso de la actriz Winona Ryder, detenida por robar en la tienda Sak´s Fifth Avenue, en Beverly Hills, California, procesada y condenada en un juicio con amplia cobertura de la televisión; o bien de la también actriz Shelley Morrison, detenida por robar en la tienda Robinson-May en California; e incluso de políticos como Claude Allen, ex ayudante en la Casa Blanca, y Jean Eaton, alcalde de Albert Lea, Minnesota.

Por su parte, entre las características comunes a ambos países se tiene que el impacto de este fenómeno no solo afecta a las propias tiendas sino que repercute en muchos ámbitos, ya que representa una carga de trabajo adicional y desgastante para los cuerpos policíacos y los juzgados, incrementa los costos de seguridad a los establecimientos que eventualmente repercuten en los precios a los consumidores así como en los impuestos, y de alguna forma afecta la estabilidad familiar de los involucrados.

Otro aspecto común es que los robos ocurren en todo tipo de establecimientos, que no hay un perfil típico ya que puede involucrar hombres y mujeres de todas las edades, que los montos de los robos son de importes muy bajos, por lo que en la gran mayoría de las ocasiones reducen cuando no evaden la detención y proceso por las autoridades, ya sea por desinterés del afectado, por maniobras legales, o prácticas de corrupción, o alguna combinación de ellas.

UN PANORAMA SOMBRÍO

En el caso de nuestro País no existen cifras confiables acerca de este tipo de delincuencia precisamente por la escasez de denuncias, consignaciones y sentencias para estos delincuentes, por cualquiera de las causas antes mencionadas. Ello a pesar de que se trata de verdaderos profesionales perfectamente organizados para el robo, y no simples delincuentes por ocurrencia o de ocasión, como ocurre con la mayoría de los shoplifters en los Estados Unidos.

L@s farder@s son profesionales de la delincuencia, que operan con una planeación táctica muy efectiva y en ocasiones sofisticada, en la que se incluye desde exploradores que, simulando ser compradores, previamente establecen los blancos y detectan las grietas en las previsiones de seguridad, hasta vigías y distractores, capacitados para aprovechar dichas grietas, o crear otras nuevas, y que actúan sincronizados con los ejecutores, encargados de efectuar la sustracción en sí.

En este mismo sentido, por su carácter de delincuentes profesionales están dispuestos para aprovechar la mayor debilidad de los establecimientos, que consiste en que, por su naturaleza, todo lo que se puede robar está a la vista y al alcance de cualquier persona. Además de que no tienen ningún escrúpulo en aprovechar toda condición o circunstancia, legal o no, para encubrirse o protegerse de las previsiones de seguridad, por ejemplo causando daños a bienes, al establecimiento, o a otras personas.

En ocasiones cada día más frecuentes, suelen recurrir a mujeres o niños como ejecutores para la sustracción de bienes dentro de la ropa, como medio para reducir la posibilidad de un eventual registro corporal o detención, aprovechándose de su condición o simulando una agresión por parte de los empleados del establecimiento. También recurren a mujeres o niños como vigías y distractores para desviar la atención de los elementos de seguridad de la actuación de los ejecutores.

Un aspecto importante que se debe considerar es que resulta más caro y complicado detener y procesar a estos delincuentes que establecer previsiones para disuadirlos o evitar sus ataques. Asimismo que por su capacidad de respuesta, incluso a niveles de confrontación y violencia, con repercusiones en la imagen del establecimiento, no es conveniente enfrentarlos. Y que por lo atractivo de los beneficios, y la facilidad para conseguirlos, es prácticamente imposible acabar con estos delincuentes.

En este sentido es indudable que si existe una forma como se podría acabar con esta forma de delincuencia, y sería anular la posibilidad de que los delincuentes se pudieran beneficiar de los robos desde una perspectiva de negocio, aunque hay alguna proporción de autoconsumo en estos latrocinios. Para ello sería necesario que ninguna persona comprara productos sin factura y/o verificar si su origen es legítimo, lo cual es un escenario ideal, imposible de alcanzar en la realidad.

El comercio informal, los pequeños negocios ya sea fijos, semifijos o ambulantes, los vendedores de ocasión o de oportunidad, los pequeños o incluso grandes negocios con problemas financieros, el egoísmo, la ambición o simple avaricia de negocio que busca la mayor ventaja financiera a cualquier costo, o la simple y egoísta conveniencia personal, son los principales factores que nutren, propician, estimulan y mantienen la bonanza de estos delincuentes. Porque si hay mercado, siempre habrá oferta.

LA PERSPECTIVA PARA UNA RESPUESTA ALCANZABLE

Por ello el enfoque más conveniente y con mayor potencial de efectividad consiste en complicar y dificultar su operación contra el establecimiento, tratando de ahuyentarlos hacia otros blancos con menos dificultades. Pero sin olvidar que probablemente otros establecimientos similares o vecinos estarán haciendo algo similar porque seguramente tendrán el mismo problema, y así evitar que el establecimiento propio no sea víctima del efecto cucaracha y se vuelva más atractivo para la delincuencia.

El enfoque más recomendable para la instrumentación de cualquier esquema de previsiones de seguridad es que se establezcan restricciones de protección, pero privilegiando la facilidad y continuidad de la operación del negocio, lo que básicamente consistiría en facilitar la entrada al establecimiento y la circulación dentro del mismo, así como el consumo, pero dificultar la salida del mismo mediante la aplicación de restricciones para prevenir la sustracción de bienes, sea intencional o por error.

Para este propósito se debe considerar que, aun cuando el propietario del establecimiento puede tener todo el derecho para aplicar cualquier restricción, por cuestiones de imagen de negocio no es conveniente emplear métodos demasiado agresivos, sino buscar disuadir a los delincuentes, sin hostigar a los clientes legítimos. Esto es, en la medida de lo posible, evitar los problemas, no crearlos, dando preferencia a la prevención y la disuasión por sobre la contención e intervención.

La actividad de estos delincuentes profesionales, así como los de ocasión, se puede prevenir y detectar mediante la aplicación de ciertas tácticas, protocolos y procedimientos, así como el uso de ciertos recursos de apoyo a los anteriores. Entre los recursos disponibles, se destacan los siguientes:

Sistemas de video vigilancia o circuitos cerrados de televisión, CCTV, con una combinación de cámaras fijas enfocadas a los puntos críticos, por ejemplo donde se ubican los bienes de mayor valor, y de cámaras móviles que permitan dar una atención específica a situaciones de excepción. Este es el recurso más común pero que pierde su efectividad si no se dispone del elemento humano para monitorear lo que muestra el sistema, y así detectar y reaccionar con oportunidad ante cualquier incidente.

Vigilancia electrónica de artículos (Electronic Article Surveillance, EAS), mediante el uso de etiquetas con tecnología de radiofrecuencia, RFID, que activan alarmas si se intenta sustraer los artículos sin haber sido retiradas o desactivadas.

Sistemas de alarmas, conectados a artículos en exhibición de cierto valor, que se activen cuando se pretenda removerlos de su ubicación sin autorización.

Espejos en los carros de autoservicio (Bottom of Basket, BOB), que le permitan a los cajeros verificar que no hayan quedado artículos sin registrar a la salida de los compradores.

Por su parte, en lo que se refiere a tácticas, protocolos y procedimientos, se pueden considerar algunos como los siguientes:

  • Vigilantes uniformados con presencia visible, como elemento pasivo de prevención y activo de disuasión a los delincuentes, variando continuamente entre posiciones fijas de vigilancia a rondines de patrullaje.
  • Personal de prevención de pérdidas con presencia de baja visibilidad (uniformados) o no visible (sin uniforme), como elementos activos de prevención contra la delincuencia, también variando continuamente entre posiciones fijas de vigilancia a rondines de patrullaje. Una variante de esta forma, es el uso de compradores simulados, que desempeñan una labora similar.
  • Inspecciones a la salida, ya sea por vigilantes uniformados o personal de prevención de pérdidas, verificando los recibos de compra contra los bienes a la salida del establecimiento.
  • Atención al cliente muy cercana, ya sea por los vigilantes uniformados, el personal de prevención de pérdidas o simplemente de servicio, en esquemas de aproximación muy visible hacia cualquier persona sospechosa ofreciéndole asistencia con una actitud de servicio al cliente, sin expresar directamente la sospecha, sino dándole la oportunidad de abortar el intento de robo, si se trata de un delincuente.
  • Mercancía valiosa bajo llave, esto es, mantener bajo restricciones de acceso al cliente cierta mercancía de valor significativo, de tal manera que se requiera la asistencia de un empleado para entregarla al cliente.
  • Empaques vacíos, esto es, colocar en los exhibidores solo los empaques vacíos de la mercancía valiosa, la cual se entrega sólo después de que el comprador la haya pagado. Una variante de este procedimiento, es colocar etiquetas o vales por el producto.
  • Análisis retrospectivos de la video vigilancia, revisando los registros del sistema de video vigilancia, a fin de identificar los patrones de frecuencia de las visitas de clientes y sus acciones dentro del establecimiento.
  • Vigilancia del exterior del establecimiento, ya sea con vigilantes uniformados o personal de prevención de pérdidas, atentos a las personas que transporten bienes sin empaque (bolsas, envolturas o cajas), ya que es muy probable que hayan sido robados. Los delincuentes no suelen pedir que empaquen los artículos robados, pero si pueden usar bolsas de artículos legítimamente comprados para ocultar lo robado, recordando que actúan en equipo. Esta medida se debe complementar por una política de que todo artículo registrado debe ser empacado en bolsas.

En cualquier caso, no se debe perder de vista que ninguna de estas medidas o recursos será capaz, de manera aislada, de contener las acometidas de la delincuencia. Deben implementarse de manera combinada, procurando que se cubran entre sí las debilidades individuales y tratando de conjuntar sus ventajas. Asimismo y refiriéndose en particular a los aspectos de tácticas y procedimientos, procurar variarlos a fin de evitar que los delincuentes puedan detectarlos y estar en condición de evadirlos o anularlos.

La ANTAD estima que el año pasado los comerciantes gastaron alrededor de $1,500 millones de pesos en dispositivos de seguridad, con un éxito muy variable en la reducción de estos ilícitos. Por ello en este aspecto lo importante no es gastar más sino gastar de la mejor manera en adquirir los recursos idóneos para las condiciones particulares del establecimiento, seleccionándolos de acuerdo a las necesidades del negocio con base en un verdadero análisis de riesgos y no por las promesas de los vendedores.

L@s farder@s son una plaga capaz de socavar al establecimiento más favorecido, como ocurrió con Dimperio's Market, la única tienda de abarrotes en el suburbio de Hazelwood, en Pittsburgh, Pennsylvania, que cerró en Diciembre de 2008 por los shoplifters. De aquí la conveniencia de instrumentar medidas de seguridad contra esta amenaza como una condición de supervivencia y competitividad, pero orientándolas a lo que es posible hacer, ahuyentarla o al menos reducirla, y no buscar su exterminación, que es algo inalcanzable.

Porque esta plaga, al igual que otras plagas como las cucarachas, parecen no tener fin ya que no es posible exterminarlas. Cuando se piensa que ya se ha acabado con ellas, siempre surgen más por otro lado. Lo único posible es anular las condiciones que propician su existencia y permanencia en donde nos afecta, y ahuyentarlas hacia donde no nos afecten. Lo que puede ser la diferencia entre perecer o sobrevivir, e incluso entre sólo permanecer o progresar como negocio.

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