Seguridad en maquiladoras, ¿conflicto entre productividad y seguridad?
Publicado en la revista Seguridad en América, en la edición de Marzo - Abril de 2010

La industria maquiladora representa un pilar fundamental para la economía nacional y por ello recibe concesiones para fomentar su crecimiento, algunas de las cuales facilitan que las empresas eludan el cumplimiento de normas y obligaciones, justificándolo con un presunto propósito de productividad para conservar las fuentes de empleo y la captación de divisas. Y las primeras que se suelen soslayar son las relativas a la seguridad, ya que al igual que en otras ramas de la industria en general, algunas empresas prefieren no atender lo que consideran que no contribuyen a su productividad, a menos que no puedan eludir los controles, o hasta que la cruda inclemencia de la realidad los alcanza, demasiado tarde para evitar las consecuencias, por lo regular perjudiciales para las propias empresas.

A lo largo de más de 4 décadas la industria maquiladora ha sido el mayor motor del desarrollo y progreso económico en los estados fronterizos, desde que surge como parte del Programa Nacional Fronterizo para absorber la mano de obra desocupada después de la conclusión del Programa Bracero en 1964. La aportación de esta industria ha sido la base del desarrollo industrial en la región norte del País, en donde se ubican el 77% de estas empresas, ya que en la actualidad son el origen del 60% de las exportaciones manufactureras y el 48% de las exportaciones totales, y se han convertido en una de las principales fuentes de divisas a través de más de 3 mil 500 plantas que en el año 2000, antes del inicio de la actual contracción económica, ocupaban más de 1 millón personas.

La aportación económica de la industria maquiladora representa un ingreso de alrededor de 15 mil millones de dólares anuales, con lo que ha llegado a superar a las exportaciones petroleras como fuente de divisas para el País, además de constituir el 25% de las fuentes de empleo en la industria manufacturera. Esta relevancia ha redundado en un trato de consideraciones especiales y concesiones para esta industria, incluyendo insuficiencias en el aspecto regulatorio, al grado que su marco normativo se expidió hasta 1983 durante el sexenio de Miguel de la Madrid, casi 20 años después de su surgimiento, con objetivos aun vigentes de crear empleos, integrar tecnología a la industria nacional, capacitar mano de obra, distribuir el ingreso, aprovechar la capacidad industrial ociosa y captar divisas.

Desde una perspectiva funcional y operativa, las empresas de la industria maquiladora son muy semejantes a las demás en las diversas ramas de la industria en al País. La diferencia fundamental es su enfoque para la exportación, que se ubica en un plano más administrativo, debido a que todos sus insumos vienen del extranjero y el total de sus productos tienen ese destino, de tal suerte que prácticamente están desvinculados de la economía nacional ya que solo usan alrededor de un 2% de insumos mexicanos. De hecho, su principal vinculación hacia la economía nacional ha sido la generación de empleos, en donde se ha logrado un éxito variable dependiendo de las condiciones en el mercado, y la captación de divisas, en donde si se ha tenido un éxito no solo sostenido sino creciente.

De acuerdo a lo anterior, se puede considerar que el perfil de actividad dentro de una empresa maquiladora es básicamente el mismo que el de cualquier otra empresa dentro de su rama de la industria, así como los marcos normativos que los regulan. Y en consecuencia, el perfil de riesgos así como los diversos marcos normativos en materia de seguridad aplicables serian los mismos que para el contexto de cada rama de la industria, según corresponda, que desde una perspectiva genérica destaca el aspecto de la seguridad del personal dentro de las instalaciones, lo que comprende las previsiones de Seguridad, Higiene y Salud Ocupacional, ya que lo que corresponde al contexto de las instalaciones depende de cuestiones circunstanciales.

Las condiciones laborales de una maquiladora varían de una empresa a otra en función de su rama industrial y sus políticas corporativas, de tal manera que se pueden encontrar desde instalaciones muy bien administradas, con una aplicación estricta de normas y controles de ingeniería adecuados, hasta otras, tal vez demasiadas, que parecen una pesadilla al estilo de las historias de Charles Dickens de la Inglaterra del siglo XIX. En general, la población laboral en la industria maquiladora está integrada por mujeres en una proporción del 50% al 60%, solteras, con una edad media entre los 17 y los 25 años, con un nivel de educación primaria, con una perspectiva de hasta el 80% de rotación, que representa al mismo tiempo una amenaza permanente de despido así como oportunidades de nuevo empleo.

El peligro más patente e incluso endémico en las maquiladoras son la insuficiencia e incluso inexistencia de medidas y previsiones de seguridad, lo que aunado a la alta rotación de personal incrementa las posibilidades de riesgo para el mismo, fundamentalmente por desconocimiento e impericia en la adopción y aplicación de precauciones laborales. Diversos estudios realizados en los últimos años, han detectado reincidencias en situaciones de alto riesgo, como la carencia de ropas protectoras y equipos para la extinción de incendios en instalaciones donde se manejan sustancias inflamables, así como la exposición de los trabajadores a sustancias toxicas, que les han provocado padecimientos consecuentes como irritación de vías respiratorias, erupciones cutáneas e incluso intoxicaciones.

Entre las fuerzas causales de estas carencias e insuficiencias están las presiones de la economía global que presionan con medidas de austeridad en el gasto, en especial sobre aspectos que se consideran no contribuyen a la productividad, como es el caso de las medidas de seguridad, lo que aunado al nivel de rotación de personal encarece en gran medida el aspecto de capacitación, en particular para un entrenamiento especializado como es el caso de la integración de las brigadas de Protección Civil. Muchos gerentes de plantas, presionados por metas de productividad, suelen escudarse en esto para relegar o de plano eludir el cumplimiento de la normatividad en la materia, y prefieren adoptar medidas cosméticas, de apariencia, y jugársela a que no ocurra nada.

Estudios realzados a mediados de los años noventa por la Comisión de Apoyo Fronterizo Obrero Patronal mostro que en las maquiladoras de la región Tijuana / Tecate, el 53% de los trabajadores no habían recibido las Hojas de Datos de los Riesgos de Materiales (HDRM), requeridos por la legislación mexicana, y en las cuales se explican los riesgos implícitos de las sustancia peligrosas, así como las precauciones que se deben adoptar para su manejo. El cumplimiento de este requisito en la industria electrónica, que se supone está sujeto a normas más estrictas, fue de apenas el 60%, y el 40% de los trabajadores ni siquiera habían recibido alguna capacitación acerca de los peligros laborales dentro de la instalación, por parte de sus empleadores.

Otro aspecto muy frecuente consiste en omitir la instalación o activación de controles para proteger a los trabajadores, como el caso de los controles y protocolos de candado y bloqueo para cortar la corriente a la maquinaria cuando se somete a labores de mantenimiento, y que se soslayan para agilizar las reparaciones o para mantener en operación equipos que no han sido adecuadamente reparados. Una muestra clara de las repercusiones de estas omisiones, es que el 27% de las fatalidades en la industria automotriz en México se deben a este tipo de fallas, lo que representa la principal causa de los decesos ocupacionales. Otro caso, es la reticencia de los trabajadores para usar el equipo de seguridad, porque los incomoda para realizar sus labores.

Comodidad. Ignorancia. Negligencia. Displicencia. No importa cuales sean las razones y los argumentos esgrimidos para virtualmente aceptar las carencias y omisiones, a final de cuentas, en muchos casos, es una responsabilidad compartida entre patrones y trabajadores, unos por buscar una supuesta economía y mayor productividad, y otros por aceptar las condiciones precarias por una necesidad de empleo, pero de lo cual estos últimos resultan ser los más afectados en caso de contingencias de seguridad. Porque el costo para los primeros puede ser solo dinero, mientras que para los segundos, puede llegar a ser su propia integridad física, o incluso su vida, con sus obvias consecuencias en cuanto a las perspectivas de futuro para sí mismos y sus familiares.
En síntesis se tiene que el panorama de riesgos para la industria maquiladora es semejante al de otras ramas industriales, con opciones similares para cumplir o no con las regulaciones, pero con la salvedad de que en esta cuenta con mayores facilidades para eludir el cumplimiento de algunos marcos normativos por las concesiones concedidas para fomentar su desarrollo. Y con la certeza de que estas facilidades serán utilizadas en la medida en que se considere que es lo que más conviene al negocio para propósitos de productividad, a menos que se enfrenten exigencias ineludibles por los mecanismos de control, consecuencias más costosas por no cumplir o incluso mayor conveniencia en cumplir, como lograr certificaciones para mejorar la posición de competitividad.

Las medidas y previsiones de seguridad no constituyen un lastre para la productividad, sino un factor que favorece la competitividad, ya que es mejor evitar los problemas que sufrir sus efectos y consecuencias, como lo plantea el viejo dicho más vale prevenir que remediar. Sin embargo muchos empresarios no alcanzan a visualizar que es más costoso que ocurra un riesgo, aunque parezca muy improbable, a invertir en previsiones para evitarlo y así mantener una continuidad de operación, lo cual llega a ser un factor tanto de productividad como de competitividad, por un lado al evitar gastos imprevistos además de repercusiones a la imagen pública y de negocio, y que al mismo tiempo no solo les permite evitar ser desplazados, sino aprovechar las oportunidades que surjan en el mercado.

Se puede ejemplificar lo anterior tomando el caso de un empresario que considera poco probable que ocurra una fatalidad dentro de la empresa y por ello decide prescindir de algunas previsiones de seguridad, pero por estas carencias un trabajador fallece en un accidente y el Ministerio Publico clausura la planta por algunos días. Lo que plantea una disyuntiva para el empresario ¿Cuánto vale, cuánto cuesta? Que se puede interpretar como ¿cuál es el costo de parar la planta por varios días, incluyendo la posibilidad de que la competencia lo desplace del mercado, y cuál el costo de implementar las previsiones de seguridad? Y en cuanto a que ocurra un riesgo muy poco probable, como que se caiga un avión encima, basta recordar el accidente en que falleció el Lic. Juan Camilo Mouriño.

Los riesgos no avisan, simplemente ocurren, y es decisión de las empresas adoptar más o menos medidas y previsiones para enfrentarlos, para lo cual pueden recurrir a varias líneas de acción. La primera línea de acción en este aspecto son las propias políticas y controles corporativos de la empresa, por lo regular a través de auditorías y visitas de verificación a las instalaciones. En esta línea, las empresas más exigentes suelen ser las que pertenecen o están vinculados a corporativos trasnacionales, porque estar comprometidos con programas de certificación como las normas de calidad de procesos del ISO-9000, de certificación ambiental ISO-14000, así como de certificación en materia de seguridad y salud como el IS0-18000, OHSAS-18000, BS-18000, OIT y UNE-81900 EX.

El principal obstáculo para estos mecanismos es que las visitas de supervisión no solo suelen estar programadas, sino que por cuestiones de logística y políticas de atención y protección a los visitantes extranjeros, son anunciadas con mucha anticipación, lo que le da la posibilidad a las empresas de corregir las deficiencias e insuficiencias aun cuando sea de manera provisional para aprobar la verificación, a la manera de las Villas Potemkin, el truco usado por Grigor Potemkin para engañar a la Emperatriz Catalina la Grande en su viaje a Crimea en 1787, simulando un panorama de bienestar donde solo había miseria. Por ello esta línea de acción solo puede tener éxito si existe una base de honestidad institucional en los mandos de la empresa, y entendiéndolo como un conveniencia en defensa propia.

Una segunda línea de acción son las Comisiones Mixtas de Seguridad e Higiene, cuya creación es una exigencia de la Ley Federal del Trabajo en su Artículo 509, para investigar las causas de accidentes y enfermedades, proponer medidas para su prevención, reportar accidentes y vigilar el cumplimiento de la legislación en materia de seguridad laboral, y que aunque únicamente tienen una función consultiva y carecen de capacidad para hacer cumplir sus recomendaciones, representan un instrumento para que los trabajadores tengan un papel participativo en la vigilancia y en las garantías de la seguridad laboral. En esta línea existe una responsabilidad compartida entre patrones y empleados, además de una vinculación ante las autoridades a través de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social.

El gran problema con esta línea de acción es que en la gran mayoría de las empresas no existen estas Comisiones que operen de manera efectiva, sino que se arman solo para efectos de cumplimiento normativo, con la obvia colaboración de las representaciones laborales, y algún grado de tolerancia por parte de las autoridades en la materia. El resultado de ello es la convalidación de las carencias e insuficiencias por la parte laboral, en una virtual complicidad cuyas consecuencias a final de cuentas se vuelven contra ellos mismos. Por ello, esta línea de acción solo puede tener éxito cuando de ambas partes existe una verdadera preocupación y voluntad para mantener condiciones adecuadas de seguridad y salud ocupacional, entendiendo que ello será de beneficio mutuo.

Una tercera línea de acción es la actuación jurisdiccional de las propias autoridades laborales y de seguridad, a través de sus mecanismos de verificación y control en cuanto al cumplimiento de la normatividad en la materia. En este ámbito, el gran problema institucional es la escasez de elementos de verificación, los inspectores, además de su vulnerabilidad a las prácticas de corrupción que encuentra un entorno propicio al coincidir con ámbito de las concesiones otorgadas a las empresas que les facilitan eludir el cumplimiento de normas y obligaciones. Sin embargo, hay algunos esfuerzos destacados por avanzar en este terreno, como el programa del Sistema de Administración en Seguridad y Salud en el Trabajo (SASST) de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social (STPS).

El programa SASST es un programa federal a cargo de la SPTS que tiene como objetivo disminuir los accidentes y enfermedades de trabajo mediante el establecimiento de sistemas de gestión de la seguridad y salud que estén integrados al esquema organizacional de las empresas. El beneficio proyectado para las autoridades es fomentar el cumplimiento de la normatividad en materia de seguridad y salud en el trabajo a través de la autogestión empresarial, lo que a la vez facilita los procesos de verificación. Asimismo los beneficios para las empresas son la reducción de costos por pagos de primas al Seguro Social, el fomento de una cultura de la seguridad e higiene mas preventiva que correctiva, y el trabajo en equipo para el mejoramiento continuo de los procedimientos de seguridad en el trabajo.

Aunque los beneficios de este programa son atractivos, han tropezado con algunos factores limitantes, entere los que destacan la desconfianza para proporcionar a las autoridades que redunden en sanciones por incumplimientos, la percepción de que los tiempos de acreditación son demasiado prolongados, la escasez de recursos humanos por parte de la STPS para proporcionar la asesoría necesaria, el otorgar mayor prioridad a certificaciones mas vinculadas a su operación de negocio, como las de calidad o certificación ambiental, la posición jerárquica dentro de la organización de los responsables de seguridad e higiene, a cargo de la implementación del programa dentro de la misma, así como otras consecuencias no intencionadas, como aprovechar la oportunidad para no cumplir con las normas.

El aspecto más alentador en todo esto, es que las empresas de la industria maquiladora son las que han tenido mejor desempeño bajo este programa, tanto en el cumplimiento de la normatividad como en la reducción de accidentes, en particular aquellas que pertenecen a corporaciones transnacionales, y que se relaciona con los siguientes factores: a) las políticas corporativas, en especial las de alcance global; b) el liderazgo gerencial en las plantas maquiladoras, reflejado en una mayor responsabilidad directiva en los problemas de la seguridad y salud en el trabajo; c) las certificaciones internacionales adoptadas(principalmente la ISO 9000, 14000 y QS 9000); d) las normas ISO relacionadas con toda la diversidad de elementos de seguridad industrial.

Las exigencias de la economía globalizada empujan a las empresas que pretenden competir en este ámbito a cumplir con marcos normativos cada vez más estrictos, mas por las presiones de mercado que de las autoridades, lo que comprueba que no existe conflicto entre productividad y competitividad, sino por el contrario, esta última se ha vuelto una condición indispensable para la primera, y cuya repercusión más directa se ubica en el contexto de una continuidad de negocio. Las empresas que así lo entiendan, tendrán grandes posibilidades de permanecer y progresar en la contienda de los mercados. Las que no lo hagan, muy probablemente estarán condenadas a desaparecer ante la feroz e incontenible competencia que viene del Lejano Oriente.

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