Seguridad para el traslado de valores, el combate contra un enemigo no siempre visible pero siempre al acecho
Publicado en la revista Seguridad en América, en la edición Mayo - Junio de 2010

La primera imagen que viene a la mente cuando se habla de traslado de valores, es la de un vehículo blindado transportando efectivo, joyas y alhajas o en general valores con una perspectiva de beneficio, en medio de un equipo de custodia armado hasta los diente y con cara de pocos amigos, observando en todas direcciones y viendo en cada persona que se les aproxima a un posible agresor o enemigo. Una intimidante máquina de combate lista para entrar en acción, que incluso puede llegar a la confrontación armada, y que a pesar de todo este poder en ocasiones fracasa en su cometido de proteger dichos valores.

El problema esencial del traslado de valores es que todo valor, por el simple hecho de serlo, despierta el interés de alguien por apoderarse del mismo ya que supone que obtendrá alguna forma de beneficio. Y la delincuencia siempre será uno de esos interesados, pero que además está dispuesto a hacer cualquier cosa para lograrlo, empezando porque no tiene ningún escrúpulo en infringir la ley y llegar a extremos de destrucción y asesinato a sangre fría, de tal manera que puede suponerse que buscará toda ventaja que pueda conseguir, sea legal o no. Y la triste y cruda realidad es que tiene bastante éxito en tales propósitos porque la protección suele ser muy predecible, y por ende, vulnerable.

La causa de esta vulnerabilidad es que el enfoque primario de las medidas y previsiones de protección, en ocasiones el único enfoque que se toma en cuenta, es recurrir a recursos de infraestructura como el blindaje de los vehículos, el armamento del personal de custodia, y los problemas prácticos del manejo físico de los valores en custodia, considerando a estos últimos como el objetivo a proteger en un análisis de riesgo y vulnerabilidad. Enfoque que se orienta a configurar una estrategia más de reacción que de prevención, cuando ésta última debería ser una práctica no solo permanente sino preferente en una empresa de seguridad privada.
Si bien las posibilidades de riesgo para el traslado de valores se ubican principalmente en el entorno operativo de recolección, transporte y/o entrega, ya que en este se presenta el mayor nivel de exposición, también surgen en el ámbito interno de la empresa, donde se prepara la logística que sustenta dichas operaciones. Asimismo se tiene que toda la diversidad de perspectivas de daño en ambos entornos redunda en un solo gran efecto, el abrir espacios de oportunidad para facilitar las fechorías de los delincuentes, o lo que en términos llanos se podría describir como darle la ocasión al ladrón.

Por ello, la estructura de medidas y previsiones para la protección de los valores a trasladar debe contemplar una perspectiva integral de los riesgos, internos y externos a la empresa, para lo cual se debe partir de la premisa fundamental de conocer al enemigo recomendada por Sun Tzu en su Arte de la Guerra, pero incluyendo sus intenciones para con los valores. Ello en virtud de que, aunque en general se asume que pretenden sustraerlos y evadirse a salvo con ellos, no se debe descartar la posibilidad de que los valores resulten destruidos o inutilizados, aunque los agresores escapen indemnes, en cuyo caso, a final de cuentas el servicio de protección que se pretende dar, habrá fracasado.

Por lo general, el delincuente no es ningún improvisado. Suele ser un profesional del crimen, bien preparado para lo que pretende hacer, mejor equipado para hacerlo, y dispuesto a todo, ya que no tiene ningún escrúpulo en infringir la ley o tomar una vida. Y dado que el delincuente actúa por lo que cree que es, y no necesariamente por lo que en realidad es, parte de la premisa de que si un bien está custodiado, por tanto tiene el suficiente valor para que valga la pena el riesgo de apoderarse del mismo, para lo cual se prepara con un grupo de agresores que siempre llevará más elementos y equipos que el personal de custodia, para superarlos y abrumarlos por simple efecto numérico.

En este orden de ideas, el recurso del blindaje, si bien impresionante, no representa un problema insuperable ya que por la eterna competencia tecnológica entre blindaje y artillería, además del creciente poder económico de la delincuencia, siempre será posible conseguir un recurso que sea capaz de superar cualquier blindaje. Asimismo, en lo referente al armamento, tampoco representa mayor problema ya que es superable por un simple procedimiento de mayoría numérica, como se ha descrito anteriormente. Y finalmente en lo que se refiere al aspecto procedimental, también puede ser superado por medio de los operativos de vigilancia de la delincuencia.

El enfoque tradicional de fuerza para las medidas y previsiones de protección durante la operación deriva en un escenario de confrontación de fuerzas, en donde el equipo de custodia lleva la desventaja si se llega a enfrentar a un adversario profesional, con preparación del tipo de las fuerzas especiales de la milicia, como ha ocurrido en otras partes del mundo, y empieza a ocurrir en nuestro País. En este sentido, tal vez la gran ventaja, o suerte, es que los elementos criminales con este tipo de habilidades prefieren dedicarse a lo que hoy por hoy les representa un nicho de negocio mas redituable y con menor riesgo que el asalto a los transportes de valores, el narcotráfico. Al menos hasta ahora.

Por ello, un enfoque más conveniente para estructurar las medidas y previsiones de protección en el entorno operativo, sin dejar de lado el actual enfoque de fuerza y como un complemento para fortalecerlo, es adoptar practicas no solo reactivas sino preventivas, que dificulten el accionar de los delincuentes, partiendo de la base de que para ellos el delito es un negocio, de tal suerte que:

Obtener el botín sin poder evadirse no es bueno, porque no se puede hacer negocio.
No llevarse el botín y lograr evadirse es bueno si se conforman con un premio de consolación, pero no es negocio.
La expectativa normal, es que la mayoría de los delincuentes no tienen orientaciones suicidas, sino que prefieren perder el botín que su libertad. Sin descartar casos especiales en que su objetivo sea la destrucción o la inutilización de los valores.
En este sentido se puede asumir que si se les dificulta la sustracción del botín, por ejemplo con mecanismos para repeler o resistir el acceso por un tiempo más prolongado de lo conveniente para que puedan evadirse, o se les reduce las posibilidades de evasión mediante operativos de alerta y seguimiento de los vehículos coordinados con las corporaciones de seguridad pública, o se les anula la posibilidad de beneficiarse con el propio botín usando mecanismos que apliquen una marcación difícil de remover de los valores, o incluso de los agresores, los delincuentes decidirán que no se les presenta una perspectiva favorable como negocio, y dirigirán su atención a otro blanco.

Este cambio de enfoque en la conformación de las medidas y previsiones de protección para el traslado de valores, es semejante al cambio estratégico que ocurrió en el medio de la guerra naval, cuando la filosofía defensiva dejó de depender de los blindajes físicos, y se incorporaron otro tipo de capacidades y facilidades, como el dotar a los navíos de mayor velocidad y maniobrabilidad, así como de recursos tecnológicos para reducir la capacidad de combate del enemigo perturbando el funcionamiento de su armamento. Con lo cual se abre una nueva forma de confrontación con base en la combinación de fuerza necesaria, innovaciones tecnológicas y creatividad procedimental.

Los actuales esquemas de operación de la delincuencia organizada se sustentan en estructuras basadas en la división del trabajo como en cualquier empresa, dentro de la cual suelen contemplar como un componente relevante la colaboración interna, intencional o involuntaria, dentro de la organización de sus víctimas, que podría verse como una forma de espionaje industrial, ya sea con propósitos de simple recopilación de inteligencia o incluso de participación en los operativos. Y una muestra clara y fehaciente de la realidad de este fenómeno son los numerosos casos, publicitados o no, de personal interno de las empresas implicados en asaltos a los transportes de valores.

La colaboración interna con la delincuencia se puede dar de manera intencional por medio de infiltrados, o de manera involuntaria por medio de infidentes, o incluso pasar de una forma involuntaria a una intencional aprovechándose de los apremios o descontentos entre el personal o la extorsión a infidentes inicialmente involuntarios, por lo que constituye una vertiente de riesgo muy difícil y complicada de detectar, ya que en las infidencias, que comprende el mayor numero de incidencias de este fenómeno, la misma fuente ignora que se ha convertido en un informador. Después de todo, la indiscreción, causa última de la infidencia, es un defecto personal difícil de detectar, reconocer y por ende corregir.

La solución para este fenómeno son los procedimientos y protocolos para valorar la confiabilidad del personal, comunes en los procesos administrativos de reclutamiento y selección de personal, y que se establecen como requisitos de norma para las empresas de seguridad privada. El problema es que estos procedimientos y protocolos se suelen aplicar de manera superficial, más para cumplir con una normatividad que como una práctica efectiva, cuando para el negocio de la seguridad privada debería ser continua y permanente, en virtud de que las valoraciones miden las condiciones del momento en que se aplican, pero no aseguran que tales condiciones permanezcan inmutables.

Porque las circunstancias de vida de la gente cambian, como el caso de una familia con hijos en diferentes escenarios de aspiraciones, (en la primaria, en la preparatoria o pretendiendo cursar una carrera). Porque las valoraciones miden a la persona, y no a sus circunstancias de vida, como es el caso de una persona honesta sometida inesperadamente a presiones económicas por apremios familiares que no puede resolver con el resultado de su trabajo, pero si con una pequeña parte de los valores que protege con riesgo de su vida, por una retribución en ese momento insuficiente. Enfrentado a la disyuntiva entre resolver el presente aunque arriesgue su futuro, o sacrificar el presente para asegurar su futuro.

Entre la diversidad de instrumentos disponibles para las valoraciones se cuentan alternativas que se podrían considerar inocuas, como los exámenes médicos (clínico y antidoping), las pruebas psicométricas, la confirmación de referencias, las pruebas poligráficas y los estudios socio económicos que incluyen la visita domiciliaria. Pero también se contemplan otras que podrían considerarse invasivas de la privacidad, como la verificación de antecedentes penales, de procesos civiles, mercantiles o penales, o de referencias en buró de crédito, cuya aplicación de manera recurrente tiende a generar no solo rechazo, sino cuestionamientos y denuncias de hostigamiento laboral.

Asimismo y dentro de la operación, una práctica susceptible de aplicar en el ámbito interno de la empresa es la dispersión de la información bajo el principio de necesidad de saber, proporcionando a cada participante en la cadena de servicio única y exclusivamente la información que necesita para realizar su labor. La gran ventaja que se obtiene de esta práctica es que se reducen las posibilidades de una filtración útil para alguien en el exterior, pero también surgen algunas desventajas, al dificultar una eventual sustitución imprevista de un integrante de la cadena, así como al inducir una sensación de desconfianza hacia el personal de la empresa.
Sin embargo, aun con todo el potencial de rechazo, estos instrumentos de control interno, que en realidad son procedimientos empresariales catalogados más de naturaleza administrativa que operativa, constituyen las medidas más efectivas de prevención, e incluso de disuasión, contra un riesgo difícil de detectar, pero con mayor potencial de daño que un enemigo externo visible. Porque el enemigo interno al no ser visible, es virtualmente indetectable y representa un Caballo de Troya con acceso a las llaves para abrir las puertas de las murallas de la organización, y así facilitar los ataques de ese enemigo externo, la delincuencia.

La naturaleza del traslado de valores implica su presencia física en espacios de oportunidad para los elementos criminales siempre al acecho, lo que intensifica las posibilidades de riesgo para los mismos ya que dichos valores se exponen en alguna forma y momento al alcance de tales elementos criminales. Posibilidades que pueden surgir tanto del exterior como hacia el interior de las empresas, por lo que estas están obligadas a adoptar medidas y previsiones de protección en ambos contextos, aun cuando hacia el interior podrían generar un clima de descontento laboral que a su vez provocara el efecto de deslealtad interna que se pretende evitar.
Una cuestión importante en el panorama de riesgos para el traslado de valores, es que un operativo criminal contra un transporte implica el uso de armas de fuego, con la gran posibilidad de causar daños colaterales y perturbación social, lo que demandaría la intervención de las autoridades. Esta mera posibilidad haría que una instancia de autoridad con sentido de responsabilidad social buscara establecer mecanismos de coordinación y colaboración con las empresas de seguridad privada. Pero la realidad es que esta visión no es común en los estratos institucionales, que prefieren presionar y responsabilizar a las empresas, y perseguirlas cuando llegan a ocurrir incidentes criminales.

En suma, lo que les conviene a las empresas es mantener una condición permanente de alerta, buscando la mejora continua en sus medidas y previsiones de protección, con ajustes creativos y sustentados en una investigación constante de las prácticas de la delincuencia, las disposiciones normativas y las innovaciones tecnológicas. Pero sin perder de vista que por más efectivas que lleguen a ser, difícilmente podrán llegar a acabar con la delincuencia, de tal suerte que bajo las condiciones normativas y de mercado actuales, sus posibilidades reales se reducen a proyectar una perspectiva de mayor costo (riesgo) y/o menor beneficio para sus propósitos de negocio, que otros posibles blancos.

Corporación Euro Americana de Seguridad México, 2013 © Todos los Derechos Reservados