Seguridad privada, cuando lo barato puede salir caro
Publicado en la revista Seguridad en América, en la edición de Septiembre - Octubre de 2010

Los servicios de seguridad, cuando representan un costo, suelen ser un tópico controversial en las proyecciones financieras, ya que muchas empresas los consideran un gasto inútil que no aporta a la productividad, y que en ocasiones se hace solo porque las obligan las autoridades o las compañías de seguros por la naturaleza de su actividad, de tal manera que la tendencia es reducir los montos destinados a estos servicios. Cubrir lo estrictamente necesario para cumplir con lo exigido, o menos si es posible. Lo que puede ser un grave error ya que en realidad si existe una repercusión sobre la competitividad, al grado de provocar incluso el cierre de una empresa.

La aportación de la seguridad, en todas sus modalidades, va más allá de la mera protección de personas y propiedades, ya que merced a su cometido de evitar que ocurra cualquier evento que perturbe los procesos de la empresa, se posibilita que la inversión, por lo regular materializada en bienes de producción, puede seguir generando ingresos y por ende rentabilidad financiera. En este sentido se tiene que las medidas y previsiones de seguridad se ocupan de prever los posibles riesgos, y prevenir que ocurran, por ejemplo accidentes que dañen materiales o equipos e interrumpan los procesos de producción, o que causen lesiones al personal, incluso fatales, que no solo interrumpen los procesos, sino que pueden provocar la clausura de las instalaciones.

Por ello, si bien los servicios de seguridad no constituyen una inversión en sentido estricto, como lo propalan en defensa de sus legítimos intereses de negocio las empresas que prestan estos servicios, tampoco representan un gasto inútil, ya que conforman un recurso de protección a la inversión de la empresa, cuya aportación a la productividad consiste precisamente en que contribuye a que se mantenga la continuidad del negocio. Bajo esta perspectiva, la contratación de servicios de seguridad, como cualquier otro ejercicio presupuestal, enfrenta la decisión de cuánto gastar y de qué manera. Y aquí es precisamente donde, bajo una premisa de hacer más con menos, surge ese tentador espejismo de lo más barato en lugar de lo más adecuado, si no se tiene claro lo que se quiere o lo que en realidad se necesita.

En principio, un servicio de seguridad ante todo debe ser efectivo en su cometido de proteger personas y propiedades, así como de preservar la continuidad de la operación del negocio del usuario. Asimismo debe ser confiable en su desempeño, lo que se entiende como un riguroso cumplimiento de los compromisos de protección, y de confidencialidad en el manejo de la información acerca del usuario de los servicios. Por su parte, en el plano de la relación de negocio, es imprescindible que el proveedor de los servicios proporcione alguna forma de garantía de que cumplirá con los compromisos asumidos. Garantía que se obtiene con una solidez y certeza razonables cuando el proveedor constituye una organización establecida de acuerdo a la normatividad aplicable vigente, tanto en el ámbito mercantil como en el particular del negocio de la seguridad. Adicionalmente y de manera complementaria en este mismo plano de relación de negocio, es conveniente que el proveedor de los servicios opere con una estructura organizacional de corte corporativo y preferentemente con una filosofía empresarial de calidad basada en competitividad y mejores prácticas de negocio, que no dependa de decisiones discrecionales, sino que se rija por reglas y procedimientos estandarizados.

En este contexto, es muy conveniente que el proveedor de servicios de seguridad tenga una política laboral que satisfaga razonablemente las necesidades y aspiraciones de su personal, a fin de que los elementos operativos concentren su atención e interés en su desempeño operativo, y no se distraigan con sus problemas personales, incluso al grado de volverse vulnerables a prácticas de corrupción. Este aspecto es crucial para los propósitos de efectividad y confiabilidad en el servicio, ya que el recurso humano constituye el factor determinante en última instancia para tales efectos, de acuerdo a la premisa que establece que con buen personal, hasta el peor de los sistemas puede llegar a funcionar, pero con mal personal, hasta el mejor de los sistemas puede llegar a fracasar. Asimismo, porque la repercusión mas relevante de cualquier reducción en los costos de estos servicios es el impacto sobre las remuneraciones del personal, ya que implica que se reduzcan, a su vez, las perspectivas de satisfacción de sus necesidades y aspiraciones, de tal manera que se abre la posibilidad a los efectos adversos que afectan la efectividad y confiabilidad del servicio: distracción y vulnerabilidad a la corrupción.

Cuando se privilegia el criterio de buscar la opción más barata para contratar servicios de seguridad, en lugar de buscar la más adecuada a un costo razonable, el eventual usuario de tales servicio se expone a riesgos potenciales subyacentes que en ocasiones no se hacen evidentes hasta que ya causaron algún daño, porque se derivan de una condición de insatisfacción personal que suele tener un desarrollo inadvertido pero progresivo. La causa de esta insatisfacción del personal suele ser la insuficiencia del ingreso tan solo para cubrir sus necesidades, no se diga para alcanzar sus aspiraciones. Insuficiencia que se suele acrecentar por la carencia de prestaciones laborales, incluso las previstas en la ley, como es común en las empresas que trabajan fuera de la normatividad, con el propósito de obtener mayor rentabilidad financiera. A manera ilustrativa, se puede proyectar la perspectiva desde el punto de vista del elemento operativo, con el siguiente ejercicio:

  • El sueldo del elemento operativo suele ser entre el 40% y el 60% del costo del servicio para el usuario del mismo. Por ejemplo, si el costo del servicio es de $6,000.00 mensuales por elemento, el sueldo del elemento se ubicaría en el rango de los $3,000.00 mensuales.
  • De este ingreso, además de los gastos familiares, el elemento tiene que cubrir sus gastos de transportación y alimentación durante su turno de servicio. Siguiendo el mismo ejemplo, si elemento trabaja en turnos de 24 x 24, en un mes debe acudir a trabajar 15 turnos. Suponiendo un gasto diario de $50 pesos entre transportación y alimentación, le representa un monto de al menos $750 mensuales, o sea 25% de su ingreso.
  • El potencial de rendimiento del monto destinado a los gastos familiares, alrededor del 75% del ingreso, dependerá del tamaño del núcleo familiar, su perfil de vida, y sus compromisos financieros. Así el rendimiento para una familia de 4 miembros será mayor que para una familia de 6 o más, y para una familia con hijos menores (por ejemplo en primaria), el rendimiento podría ser mayor que para una familia con hijos mayores (por ejemplo en secundaria o preparatoria).

De tal manera que si el elemento enfrenta un problema de insuficiencia en su remuneración laboral, es evidente que buscará la manera de aumentar sus ingresos de alguna manera, para lo cual se enfrentará a la limitación de tiempos que le impone el formato de su trabajo, que le impediría tomar un segundo empleo. Lo cual limita sus posibilidades de ingresos adicionales a su propio lugar de trabajo. En el contexto de su lugar de trabajo, las opciones que se le presentan al elemento para obtener ingresos adicionales se limitan a algunas actividades como las siguientes:

  • Cubrir turnos adicionales al propio, los famosos dobletes, lo cual repercute en fatiga y por ende incapacidad física del elemento operativo para cubrir tanto el turno adicional como el propio posterior. Lo cual impacta en el potencial de efectividad.
  • Buscar hacer servicios colaterales dentro de la instalación a fin de recibir una propina o retribuciones adicionales, ya sea en actividades propias del servicio, como levantar la pluma para que ingresen personas ajenas a la instalación, o ayudar a una persona a acarrear paquetes, o incluso ajenas al servicio, como lavar autos. Lo cual no solo impacta en el potencial de efectividad, por la distracción de las responsabilidades, sino en el aspecto de confiabilidad, ya que si por una propina franquea el paso a alguien ajeno, se abre la posibilidad de que eventualmente pueda facilitar la infiltración de un agresor.
  • Vender productos a las personas de la instalación, lo cual impacta tanto en la efectividad como en la confiabilidad, ya que por la relación comercial que se desarrolla entre el elemento de seguridad como vendedor, y las personas de la instalación como sus clientes, se degrada el interés del elemento de seguridad en cumplir con la responsabilidad de evitar que sus clientes acaten las normas, ante la perspectiva de ver mermar sus ingresos.
  • Sustraer bienes propiedad de la empresa, o de las personas dentro de la instalación, ya sea aprovechando descuidos, o con la plena intención de hacerlo. Después de todo, la necesidad es mala consejera.
  • Coludirse con elementos criminales, externos o internos, para atentar contra los intereses, las propiedades o las personas de la instalación.

Cuyos efectos adversos sobre la efectividad y confiabilidad del servicio suelen ser progresivos y graduales, de tal manera que se hacen notorios por azar, o cuando ha ocurrido un daño de cierta relevancia. Ante lo cual la reacción del usuario, por lo regular el afectado, en un caso extremo es sustituir al proveedor, por otro en posiblemente similares condiciones financieras, y por ende bajo la misma perspectiva de riesgo.

Para conseguir niveles aceptables de efectividad y confiabilidad en un servicio de seguridad, lo recomendable es buscar opciones con una magnitud operativa y de costo equiparable al perfil de necesidades. Y la especificación de este perfil de necesidades, en particular en el aspecto del costo que se está dispuesto a asumir, se establece a partir de un par de cuestionamientos ¿Cuánto vale lo que quiero proteger? ¿Cuánto cuesta protegerlo? La respuesta a la primer pregunta establece la importancia de lo que se quiere proteger, no tanto en términos de su valor patrimonial sino de su aportación a los procesos de negocio del usuario, y en cierta medida proyecta la magnitud para la respuesta a la segunda pregunta, que a su vez establece una proyección de los montos de gasto razonables y convenientes. Lo que corresponde a una muestra de que según el sapo, es la pedrada.

Con base en estos parámetros será posible configurar un marco de referencia que permita evaluar las alternativas de oferta de los proveedores de servicios de seguridad, y seleccionar aquella que mejor responda a las necesidades y expectativas de efectividad y confiabilidad. Recordando que nada es gratis, ya que como dice la conseja popular el que quiera azul celeste, que le cueste.

Corporación Euro Americana de Seguridad México, 2013 © Todos los Derechos Reservados