Seguridad industrial, una conveniencia de negocio
Publicado en la revista Xtreme Secure, edición de Noviembre - Diciembre de 2010

La tecnología ha sido el recurso que históricamente ha permitido al ser humano no solo prevalecer sobre el medio, sino usarlo en su beneficio para facilitar el progreso de personas y sociedades. En este sentido, cada avance tecnológico ha beneficiado a todas las eras y modalidades de la civilización humana aportando nuevas formas para mejorar su calidad de vida, pero también ha abierto nuevas formas de riesgo para las personas y el propio medio. Por ello, a fin de preservar y aprovechar los beneficios de la tecnología se han desarrollado medidas de seguridad que brinden protección contra tales riesgos, entre las que se cuentan las previsiones de seguridad industrial.

Entre los avances tecnológicos más significativos por sus aportaciones al bienestar y progreso del ser humano destacan las actividades industriales, ya que constituyen la ámbito donde se crean prácticamente toda la gran diversidad de recursos tecnológicos que facilitan y mejoran la calidad de vida de personas y sociedades. Sin embargo en el desarrollo de las actividades industriales surgen riesgos para todos los involucrados en las mismas, operarios, directivos y propietarios, derivados de las condiciones y circunstancias físicas y funcionales en que se realizan. Riesgos que se enfrentan por medio de un conjunto de medidas y previsiones de protección denominadas seguridad industrial.

La seguridad industrial comprende un muy diverso conjunto de medidas orientadas a brindar protección contra los riesgos inherentes a la naturaleza de las actividades industriales, en particular lo que se refiere por una parte al manejo de maquinaria y equipos, y por otro lado a la manipulación de sustancias peligrosas. En este sentido se puede establecer que el propósito de la seguridad industrial consiste en evitar daños por un manejo inadecuado de sustancias, que pueden ser de naturaleza inflamable, corrosiva, reactiva, toxica o biológica, o bien por algún problema de las instalaciones, que a su vez pueden ser de naturaleza eléctrica, estructural, mecánica o ambiental (ruido, radiación, deficiencia de oxigeno).

El enfoque básico de la seguridad industrial es la protección de las personas, a corto y largo plazo, y el enfoque complementario es la conservación física y funcional de las instalaciones, de tal suerte que se puede considerar que el objetivo final de la seguridad industrial es procurar la continuidad de operación. Para tales efectos las medidas y previsiones comprenden un conjunto de protocolos y procedimientos para dichos manejos, así como la instalación y uso de implementos y herramientas que reduzcan el nivel de exposición de personas y medios ante los riesgos derivados del uso de maquinaria, equipos y sustancias peligrosas. Medidas y previsiones que, a final de cuentas, representa un costo.

La naturaleza intrínseca de riesgo en algunas actividades industriales, por ejemplo en la industria nuclear, fundiciones de minerales o el manejo de materiales tóxicos, así como los avances sociales en materia laboral han provocado que muchas de las medidas y previsiones de seguridad industrial se conviertan en requerimientos normativos. Sin embargo la condición de empresa privada, típica de las actividades industriales enfrenta a estos requerimientos normativos ante una disyuntiva de costo-beneficio para la adopción y aplicación de las medidas y previsiones de seguridad industrial, que en ocasiones lleva al regateo de seguridad por economía, con decisiones empresariales de jugársela contra las posibilidades de que ocurran los riesgos.

Otro obstáculo que enfrentan estos requerimientos de seguridad industrial, normativos o no, es la omisión e incluso reticencia del propio personal operativo para aplicar las medidas y previsiones, ya sea por ignorancia o de plano irresponsabilidad y negligencia, bajo excusas de que solo estorban y suponiendo que tienen una especie de invulnerabilidad divina personal (a mi no me ocurre, eso solo le pasa a los tarugos, etc.), sin percatarse de las posibles consecuencias para ellos mismos de tales prácticas de riesgo. Y las estadísticas de accidentes laborales son una muestra fehaciente de ello, ya que la gran mayoría de tales accidentes pudieron ser evitados, o al menos reducido su efecto, si se hubieran acatado las medidas y previsiones de seguridad industrial.

La magnitud que pueden alcanzar los efectos de no adoptar previsiones de seguridad es muy diversa, y historia está plagada de una gran cantidad de ejemplos en ambos sentidos, como el caso de la Batalla de Midway durante la Segunda Guerra Mundial, en donde el mayor número de heridos en el bando japonés fueron por quemaduras y no por metralla, que hubieran podido evitarse si los marinos japoneses hubieran usado los trajes de protección contra incendios. Otros casos en este ámbito son el accidente en la instalación nuclear de Chernobyl, causado por un incumplimiento de los requerimientos de seguridad, así como el desastre de Bhopal en la India, en que una economía de costos repercutió en una tragedia que alcanzo a miles de personas.

Destacan también los recientes casos de accidentes en minas en China, México y Chile, en donde el grado de adopción de las previsiones de seguridad industrial ha marcado la diferencia entre sobrevivir o sucumbir ante un accidente. Y particularmente en nuestro País, el recuerdo del desastre de la planta en San Juan Ixhuatepec en 1984, con sus 500 fallecidos, 4, 500 heridos y más de 1,000 desaparecidos, y de las explosiones en las calles de Guadalajara en 1992, con sus 190 muertos, 470 heridos, 6,500 damnificados y la destrucción de 1,547 edificios, 100 escuelas y 600 vehículos a lo largo de 13 kilómetros, ambos de acuerdo a cifras oficiales, deberían ser un referente permanente de las posibilidades y consecuencias de un desastre de naturaleza industrial.

Independientemente de la obligatoriedad de las medidas y previsiones de seguridad industrial, tanto operarios como empresarios deben contemplarlos como lo que son en realidad, una conveniencia para ambos. Para los operarios, por una simple cuestión de protección personal, esto es, que se mantenga a salvo su vida e integridad física por su condición de cabeza y responsables del sostenimiento de una familia. Y para los empresarios, por una simple cuestión de productividad y competitividad al mantener la continuidad funcional de su inversión. Después de todo, si ocurriese un accidente fatal todos pierden, el operario que pierde la vida, y el empresario que ve clausurada su instalación, y por ende interrumpida el rendimiento productivo de su inversión.

Rechazar o aceptar la adopción de las medidas y previsiones de seguridad industrial pueden marcar la diferencia entre interrumpir o mantener funcionando una instalación productiva, por lo cual no deben ser vistas como una molestia que conviene soslayar, sino como una protección en sentido amplio, de la vida del operario y de la inversión del empresario. En suma, una conveniencia de negocio, porque preserva y mantiene en funcionamiento las fuentes de generación de riqueza, ya sea en forma de empleos para los operarios o de rentabilidad para los inversionistas.

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