Detección, factor crítico en el combate de incendios
Publicado en la revista Seguridad en América, edición de Noviembre - Diciembre de 2010

El fuego ha sido el mejor y más valioso instrumento para el desarrollo de la civilización humana, pero también se puede convertir en el más cruel, destructivo y letal de sus enemigos cuando se sale de control, por el tipo de daños que puede causar, por lo general irreversibles, así como por la velocidad en que puede infligirlos. Por ello, el combate de incendios ha sido, desde siempre, una prioridad en lo que se refiere a la protección de personas y propiedades, para lo cual el aspecto fundamental es darse cuenta de que hay un incendio, lo que corresponde a una cuestión de detección.

La proliferación de productos de tecnología como componentes del entorno en que típicamente existe y se desarrolla la actividad humana, como prendas, aparatos electrónicos, recubrimientos de superficies o instalaciones de servicios, constituyen un muy diverso cúmulo de material combustible susceptible de servir de fuente para iniciar un incendio. Posibilidad que se incrementa por las condiciones de descuido con que en ocasiones se desarrolla la actividad humana, incluso cuando involucra circunstancias de riesgo como es el caso de algunas instalaciones industriales en que se opera con maquinaria o se manejan sustancias peligrosas. Lo cual da lugar al establecimiento de todo un conjunto de medidas preventivas orientadas a reducir en primera instancia que ocurra una conflagración, y en segunda que se causen y se extiendan los daños.

La primera línea de defensa contra los incendios son las medidas preventivas de tipo pasivo orientadas a evitar que ocurran, y que contemplan desde aspectos estructurales de las instalaciones en cuanto a los espacios para evitar y contener la propagación, y facilitar la protección de bienes y la evacuación de personas, hasta cuestiones de procedimiento para el manejo de implementos y materiales con potencial de riesgo para provocar un incendio por una manipulación inadecuada. Pero cuando algo en esta primera línea de defensa falla, no importa la causa, se presenta lo que se quería evitar, un fuego incontrolado que abrasa lo que no debería quemarse, o sea un incendio. Y ante ello la prioridad fundamental es percatarse de que está ocurriendo un incendio, a fin de adoptar rápidamente las medidas pertinentes tanto para la salvaguarda de personas y bienes como para su extinción.

La solución esperada en el combate de incendios es su extinción, para lo cual se requiere que previamente se haya detectado, esto es que se descubra y ubique con la mayor oportunidad posible, de preferencia en su estado de latencia. Para este propósito se recurre a las medidas preventivas de corte activo, que para la detección contempla el uso de vigilancia humana, medios automatizados o una combinación de ellos, en condiciones de rapidez y fiabilidad funcional, ya de que la rapidez dependerá la demora en aplicar el plan de emergencia, y de la fiabilidad dependerá la credibilidad y confianza en el sistema que redunda en tal rapidez de aplicación. Cuya elección estará determinada por aspectos como:

  • Las personas y materiales expuestos al riesgo.
  • Las posibilidades de vigilancia humana por la simple presencia de personas.
  • La rapidez y fiabilidad requerida.
  • La empatía con las medidas establecidas en el plan de emergencia.
  • El costo.

La detección de un incendio se realiza al descubrir alguna de sus manifestaciones, que pueden ser calor, llamas o la emisión de alguna sustancia producto de una combustión incompleta, lo que se identifica como humo. Para estos efectos, las posibilidades de detección humana, mucho más confiable por el aspecto de discernimiento, están limitadas por la perspectiva de presencia de personas, por lo regular disponibles solo en horas y días hábiles, pero no el resto del tiempo. Por ello se recurre al uso de medios automatizados, tales como los conocidos comúnmente como detectores de incendio aunque en realidad son unos detectores de humo, así como otros que se enfocan a la medición de temperatura, pero que en general carecen de capacidad de discernimiento, ya que se limitan a detectar si se presenta una condición física o no, cuyo origen puede ser confuso.

Los medios automatizados para la detección de humo contemplan dos tipos de tecnología, de ionización que detectan emanaciones visibles o no visibles, pero que se pueden confundir por emanaciones de otras fuentes (motores de combustión interna, calderas o cocinas, entre otros), y los fotoeléctricos que detectan emanaciones visibles, pero que se pueden perturbar por polvo fino (producción de materiales de papel, imprentas, madererías y carpinterías, entre otras). Con una perspectiva de ineficiencia, ya que el uso de uno de ellos dejaría abierta la posibilidad de no detectar los incendios producidos por el otro tipo de materiales. Por esta razón, la Agencia Federal de Administración de Emergencias de los Estados Unidos (FEMA, por sus siglas en inglés), recomienda instalar detectores de los dos tipos, o bien que contengan ambos tipos de tecnología.

En adición a los anteriores se tienen medios automatizados con tecnología de medición de temperatura en dos modalidades, de temperatura fija, que se activan cuando la temperatura rebasa un nivel de referencia, o termovelocímetros, que miden la velocidad con que varia la temperatura, y que se activan cuando esta velocidad excede un nivel de referencia, por lo regular de 10° C/min., aunque se pueden perturbar por el funcionamiento de otras fuentes como el funcionamiento de calderas en un espacio confinado. Asimismo existen medios automatizados con tecnología de detección de llamas, que reaccionan ante las emisiones infrarrojas o ultravioletas que las acompañan, y que por lo mismo pueden perturbarse por otras fuentes de calor con manifestaciones similares, como la luz solar, cuerpos incandescentes o sopletes.

Un aspecto fundamental a considerar cuando se utilizan medios automatizados, es que estos requieren de ciertas condiciones físicas de entorno para un funcionamiento eficiente, por lo que existen regulaciones que determinan la manera en que se deben instalar, a cierta altura, cada determinada distancia en un cierto espacio, a cubierto de flujos de corriente, etc. Asimismo que requieren de ciertas prácticas de conservación, por ejemplo una periodica verificación de funcionamiento y de limpieza, así como de sustitución de baterías, si es el caso, e incluso su sustitución cada cierto tiempo, especificado ya sea por el fabricante o por las regulaciones normativas en la materia. Pero sobre todo que su activación no necesariamente indica un incendio, sino que se ha presentado una condición de contingencia que debe ser investigada, y nunca asumir que es una falsa alarma.

Otro aspecto importante a considerar como lo más conveniente es que los medios de detección se utilicen en combinación con medios de extinción adecuados a la naturaleza de la actividad en la instalación, ya que de nada sirve percatarse de que hay un problema, si no se cuenta con recursos para resolverlo. En especial si se tiene una perspectiva de daños de cierta relevancia, como puede ser en el caso de los incendios, la pérdida de la vida o causar lesiones irreversibles a las personas, así como la pérdida de bienes. Medios de extinción que pueden ir desde simple extintores portátiles, hasta complejos sistemas de extinción automatizados, activados por una red de medios de detección igualmente automatizados, y complementados por activadores manuales que pueden ser operados por quienes desempeñan la labor de vigilancia humana.

En este sentido se puede considerar que siempre se cuenta con medios de detección, al menos en la modalidad de la detección humana, pero ello cuando se tiene la presencia de personas en una instalación, lo que permite dar la voz de alerta para la evacuación a fin de salvaguardar a las personas y los bienes que sea posible acarrear. Y esto se puede constatar al observar la gran cantidad de instalaciones que aunque sea por requerimientos normativos de Protección Civil cuentan por lo menos con extintores portátiles, estén vigentes o no, aún sin contar con medios automatizados de detección. Lo lamentable es que por otra parte desgraciadamente existen muchas instalaciones, en cierto sentido mucho más sensibles, que paradójicamente cuentan con medios automatizados de detección pero sin medios de extinción disponibles, y que suelen ser los hogares.

El primer paso para resolver un problema es percatarse de que hay un problema, y esta es la función que desempeña la detección en el combate de incendios. Detección que no solo debe ser lo más rápida y precisa posible a fin de aplicar el plan de emergencia con las mejores posibilidades de éxito, sino adecuada a las condiciones físicas y funcionales de la instalación. De tal manera que con solo una capacidad de detección, si es oportuna, será posible proteger a las personas y algunos de los bienes, por lo que se le puede considerar como el factor crítico, indispensable en el combate contra incendios. Pero si a esta capacidad de detección se le integra una capacidad adecuada de extinción, se tendrá el binomio efectivo para el combate de incendios, que no solo permita percatarse del problema, sino resolverlo.

Por ello, la disyuntiva que se presenta a los responsables de seguridad es adquirir lo que le ofrecen los proveedores de estos productos, y adaptarse a sus capacidades funcionales, o adquirir lo que en realidad requieren de acuerdo a sus necesidades identificadas para proteger su inversión y su patrimonio, así como asegurar la continuidad de su negocio. Lo cual requiere de un análisis cuidadoso de las características de cada producto disponible, sus condiciones de oferta, no solo en términos de precio, sino de servicio, garantía y sobre todo historial de confiabilidad en el mercado. Después de todo, si un componente llega a fallar, lo más que le puede costar al proveedor, es tener que reembolsar el importe de venta, pero al cliente le puede costar su negocio, su patrimonio, o una vida, incluso la propia.

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