Videovigilancia a bordo, seguridad autofinanciable
Publicado en la revista Seguridad en América, en la edición de Enero - Febrero de 2011

La seguridad en los caminos es un agente fundamental para el progreso social, ya que gracias a su labor de protección a personas y bienes se promueve y facilita la actividad económica entre las comunidades, lo que redunda en una mejor calidad para vida de sus habitantes. Por ello, la erradicación de los riesgos en los caminos ha sido históricamente un reclamo permanente de todas las sociedades.

A lo largo de la historia de la civilización humana, en la medida en que viajar por los caminos ha sido seguro se ha facilitado e impulsado el progreso social, lo que generalmente se aquilata por los beneficios económicos y la mejora a la calidad de vida. Y una muestra de ello se puede apreciar en la forma en que se desarrolló el comercio en nuestro País, antes y después de la introducción del ferrocarril, cuyo aporte modernizador, además de la velocidad y comodidad, fue una cierta protección contra asaltos.

Aunque cuantitativamente los asaltos a los transportes de pasajeros representan apenas entre un 15% y un 30% de los asaltos a transportes de bienes, mucho más numerosos, por sus efectos constituyen la forma más insensible y reprobable de este tipo de delincuencia, porque las víctimas no son esa difusa y fantasmal figura de los ricos propietarios de las mercaderías transportadas, como podría entenderse al robo de mercancías, y a lo que de alguna retorcida manera pudiera darse una justificación de reivindicaciones sociales (robar a los ricos para darle a los pobres). Porque en esta modalidad de delito, las víctimas suelen ser en su mayor parte precisamente personas que no poseen la solvencia económica para viajar en condiciones de mayor comodidad y seguridad. Los pobres.

Los asaltos a transportes de pasajeros suelen ser operativos de agresión ejecutados con gran celeridad, con fuerza abrumadora y en sitios y condiciones en que las víctimas no tienen la posibilidad de resistirse o recibir ayuda oportuna que puede impedir la agresión. Y los pocos casos en que se han evitado, es porque los agresores han cometido algún error en su planeación, o se encuentran con algo inesperado, por ejemplo un pasajero armado o la afortunada coincidencia con una patrulla. Asimismo, el producto de estas agresiones suelen ser las pertenencias personales de los pasajeros, tales como joyas, valores y dinero en efectivo, difíciles de rastrear y que les representa un beneficio directo o bien pueden ser fácilmente convertidos en beneficios.

En un 75% de los casos, estos operativos de fuerza suelen ser perpetrados por grupos de delincuentes con el uso de violencia en la forma de golpes y hasta violaciones, incluso cuando las víctimas se han sometido, y en su mayoría involucran el uso de armas, en la mitad de los casos de armas de fuego. Un aspecto interesante es que aun cuando el 90% de las víctimas sufre la pérdida de sus pertenencias, el 40% declara no haber sufrido algún daño físico, emocional, psicológico o laboral. Asimismo, el 82% de los casos NO son denunciados ante el Ministerio Publico por una multitud de razones esgrimidas, entre las que destacan la percepción social acerca de las autoridades como corruptas e ineficaces.

Los vehículos más susceptibles para ser blanco de asaltos, por su mayor nivel de exposición, son los que ofrecen una mayor oportunidad de acceso a los delincuentes, lo cual corresponde a aquellos que permiten el abordaje de pasajeros en cualquier punto de la ruta, sin aplicar ninguna clase de revisiones o restricciones como las que se pueden emplear en las estaciones terminales. Dichos casos son los de rutas urbanas, o bien de rutas interurbanas del tipo económico, los cuales además de las paradas frecuentes, suelen recorrer precisamente el tipo de caminos y lugares aislados que constituyen los espacios propicios para ser asaltados.

El combate contra este tipo de delito es sumamente complicado por una simple cuestión de insuficiencia. Con más de 2 mil 700 millones de personas circulando anualmente a través de los más de 350 mil kilómetros de carreteras de nuestro País, se ofrecen muchos espacios de oportunidad para la delincuencia, que a la vez son prácticamente imposibles de cubrir para las reducidas fuerzas policiacas de que se disponen en las diversas y descoordinadas corporaciones de seguridad pública. De tal suerte que las posibilidades reales para enfrentar a este delito de manera convencional se reducen a la persecución, después de que el evento ocurrió y las victimas ya despojadas, si están vivas, son capaces de dar información útil para tal propósito.

En el ámbito urbano, la aplicación de estrategias convencionales por parte de las corporaciones policiacas, como el programa de Seguridad a Usuarios del Transporte Público, implantado por la Secretaria de Seguridad Pública del Distrito Federal, presentan fuertes problemas de insuficiencia si se considera que se han asignado a este programa apenas mil 524 elementos, 378 patrullas y dos helicópteros para cubrir los más de 14 millones de viajes que realizan diariamente las más de 28 mil unidades del transporte colectivo, deteniéndose cada 10 metros en promedio, y los 105 mil taxis en los mil 485 kilómetros cuadrados del Distrito Federal, con la esperanza de detener los aproximadamente dos mil robos que ocurren anualmente, o 6.5 diarios, además de los obvios riesgos a los pasajeros por la presencia de elementos de policía a bordo de las unidades de transporte en caso de un enfrentamiento con delincuentes.

Una clara muestra de esta insuficiencia, es el incremento del 5% en este delito durante 2010, reconocido por el Secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, Dr. Manuel Mondragón, en su informe ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, y que ha llevado a las autoridades del gobierno capitalino a recurrir a medidas preventivas radicales, como por ejemplo la propuesta para crear un protocolo de seguridad en las terminales de autobuses, que contempla la identificación de los viajeros así como el uso de detectores de metal, según lo ha planteado el Subsecretario de Políticas Públicas del Gobierno del Distrito Federal, Alberto Esteva, durante el informe del mes de octubre del Grupo Estratégico de Transporte Seguro.

Los más recientes avances tecnológicos han abierto nuevas posibilidades que contribuyen al combate contra este delito. Entre estos avances se destacan los sistemas de geolocalización o GPS que no solo permiten establecer la ubicación de un vehículo, sino detectar si se encuentra en una situación de emergencia, mediante la activación de un botón de pánico. Pero estas facilidades son útiles solo bajo ciertas condiciones, como son el que se detecte que el vehículo se detiene en un sitio no autorizado, o bien si alguien a bordo, por lo regular el conductor, activa la señal de emergencia, y el vehículo se encuentra dentro del área de cobertura de algún servicio de telecomunicaciones de telefonía celular.

Esta alternativa tecnológica es útil para vehículos con rutas fijas, como es el caso de los servicios directos o de lujo, de tal manera que cualquier detención a lo largo de la ruta implique una condición de alerta que exija y justifique la aplicación de un protocolo de reacción. Pero no es tan útil precisamente para los servicios más susceptibles a asaltos, aquellos que pueden detenerse en cualquier momento, en cualquier punto de la ruta, ni aun usando toda serie de aditamentos como el paro de motor o el audio, porque el objetivo del asalto no es apoderarse del vehículo. Y si el conductor es tomado por sorpresa o es cómplice de los delincuentes, como lo ha denunciado el Presidente de la Cámara Nacional del Autotransporte de Pasaje y turismo (CANAPAT), Odilón López Nava, es obvio que nunca se activará el botón de pánico.

Un recurso más efectivo es la video vigilancia a bordo, con transmisión en línea a través de un servicio de telefonía celular de última generación, del tipo que permite la conexión móvil a Internet (GPRS o 3G), y con un monitoreo de vigilancia dedicada. La mayor efectividad que se logra con esta alternativa, obedece a la facilidad que ofrece del registro visual que permite la identificación positiva y con certeza de los delincuentes, así como la detección oportuna de bloqueos en el camino o de persecuciones, que al ser transmitido en línea asegura su conservación y eventual uso en una posterior persecución de los delincuentes, además de que con el monitoreo activo se posibilita una reacción inmediata.

La video vigilancia a bordo, con transmisión en línea y monitoreo activo, esto es, con un observador dedicado a su seguimiento, daría la posibilidad, por ejemplo, de detectar con oportunidad un falso retén en la carretera, como en el reciente caso ocurrido de los 10 jóvenes asesinados en Durango, que el monitorista pudiera verificar con las autoridades correspondientes y, en su caso, activar el protocolo de reacción adecuado y con máxima oportunidad. También podría ser posible detectar a los delincuentes, cuando se capte y transmita su imagen al entrar al vehículo, y que el monitorista pueda identificarlos comparando sus imágenes con otras imágenes obtenidas en eventos previos.

La implantación de esta alternativa tecnológica, que incluso integra funcionalidades de geolocalización, GPS, ya es factible en nuestro País, pero se enfrentan a fuertes cuestionamientos de viabilidad por el aspecto de costos. En este sentido se cuentan con soluciones que alcanzan los 10 mil dólares con una configuración base de un DVR con 4 cámaras, hasta soluciones más recientes que se ubican en un rango inferior a los 4 mil dólares con esta misma configuración, a lo que se debe añadir un costo adicional mensual de alrededor de los 60 dólares correspondiente al servicio de telefonía móvil, además de otros 40 a 60 dólares correspondientes al servicio de monitoreo activo, similar a los que se ofrecen actualmente en los servicios de geolocalización.

En el fondo, el cuestionamiento de viabilidad es por una percepción matizada por parte del empresario de autotransportes, que lo considera un gasto oneroso para el tipo de servicio, aun cuando el costo de un sistema de video vigilancia a bordo representaría entre el 10% y el 20% del costo del vehículo; y además sin entender que si bien en realidad se trata de una protección a la inversión, también le puede redituar beneficios financieros, directos en la forma del control de ingresos en pasajes, e indirectos por la proyección de una imagen de transporte seguro que le puede atraer la preferencia de uso por un mayor volumen de clientes.

La razón por la que este costo de protección de la inversión se puede convertir en una verdadera inversión que represente beneficios financieros, incluso al grado de hacer autofinanciable estas medidas de seguridad, es que la video vigilancia a bordo no solo permitiría combatir los asaltos en los caminos, sino que también le permitiría al empresario asegurarse del correcto cobro del pasaje entre los puntos intermedios, ya que podría constatar con toda certeza, en qué punto aborda y en qué punto desciende cada pasajero, de tal manera que se anularía la posibilidad de que el conductor reporte cobros de menos, lo cual es un fenómeno muy frecuente en el negocio del autotransporte de pasajeros en las rutas de servicio económico.

Con el uso de esta alternativa tecnológica, no se pretende enfrentar a la delincuencia, sino ahuyentarla con un efecto de disuasión, ya que los civiles, conductor y pasajeros, no tienen la capacidad de enfrentar y vencer a esos verdaderos profesionales del crimen que son los delincuentes. La intención es convertir a las unidades del autotransporte de pasajeros en un riesgo demasiado alto para los delincuentes, ya que éstos no suelen ser suicidas sino hombres de negocio, que lo que menos quieren es ser ubicados, identificados y capturados, de tal suerte que prefieran atacar otros vehículos que no cuenten con este tipo de equipos. Y si además se puede obtener un beneficio económico ya sea por asegurar los ingresos o bien por una mayor captación de clientes ante la expectativa de mayor seguridad en las unidades, cuanto mejor.

El negocio del autotransporte de pasajeros ante todo es eso, un negocio, para el cual los nuevos tiempos le han agregado el aspecto de la seguridad como un factor de competitividad. Para estos efectos, ante la modernización y las prácticas de violencia de la delincuencia, el empresario no puede ni debe intentar combatirla, porque ni es su papel ni está preparado para ello; de tal suerte que no le queda otra alternativa sino recurrir a una creatividad de disuasión apoyada en las innovaciones tecnológicas, porque, en palabras de Francis Bacon, el que no aplique nuevos remedios, debe esperar nuevos males, porque el tiempo es el máximo innovador.

VIDEO VIGILANCIA A BORDO, EL SIGUIENTE PASO EN LA SEGURIDAD PARA EL TRANSPORTE DE EXPORTACIONES

La seguridad en el transporte de bienes de exportación, en particular hacia los Estados Unidos y Canadá, ha sido un aspecto de constante preocupación para gobiernos y empresas tanto exportadoras como transportistas, lo que se ha materializado en cada vez mayores exigencias de control en los procesos de embarque y de traslado de los bienes, que suelen sustentarse en toda clase de mecanismos técnicos y procedimentales, incluyendo entre ellos algunos recursos de tecnología, tales como los sellos requeridos por la norma PAS ISO 17712 y los sistemas de geolocalización.

Sin embargo, a pesar de los avances logrados constantemente se está en busca de nuevas alternativas, ya que cualquier previsión siempre presenta alguna vulnerabilidad. Y precisamente entre estas nuevas alternativas, ha surgido la video vigilancia a bordo con transmisión en línea y monitoreo activo, ya que constituye la única manera de asegurar que no se trate de burlar los dispositivos de seguridad instalados a bordo de la unidad (sellos, geolocalizadores, etc.), al anular el mayor inconveniente de todas las previsiones existentes hasta ahora: no se puede asegurar lo que pasa, porque no se puede VER.

El uso de la video vigilancia a bordo se proyecta como la respuesta a esta debilidad, ya que se podrá contar con evidencia indiscutible de lo que ocurre durante el traslado de los bienes. Si se agrega la transmisión en línea de las imágenes, la evidencia se vuelve incuestionable, porque se tendrá una certeza total acerca de la fidelidad de los registros visuales, Y si a esto se le adiciona el monitoreo activo, se contará con la capacidad para reaccionar con toda oportunidad ante cualquier contingencia que pueda ocurrirle al transporte. En suma y en conjunto con otros recursos técnicos, la posibilidad de una SEGURIDAD TOTAL para el transporte de exportaciones.

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