Realidades, oportunidades y posibilidades de la seguridad electrónica
Publicado en la revista Xtreme Secure, edición de Marzo - Abril de 2011

La electrónica constituye la modalidad de tecnología con la mayor cantidad y diversidad de aplicaciones para facilitar y mejorar la vida humana, al grado que hoy día se les encuentra en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad. Aunque en ocasiones esta misma popularidad se convierte en fuente de decepciones, ya que provoca que en la imaginaria popular se conciban expectativas de beneficio que exceden sus capacidades y posibilidades funcionales reales.

El ámbito de la seguridad no escapa a este fenómeno, lo que se puede constatar por la cada vez más creciente proliferación de ese amplio y diverso campo de aplicaciones tecnológicas conocido como seguridad electrónica, en el cual se podría incluir a toda forma de uso de la tecnología electrónica como son las alarmas, la geolocalización o GPS y la video vigilancia o CCTV, pero que en la práctica se suele referir muy en particular a los sistemas de alarmas.

Debido a su naturaleza de aplicación tecnológica este campo está envuelto en un aura de ficción resultado de la sobrevaloración de sus expectativas, ya que se suele concebir a los sistemas de alarma como maravillas milagrosas capaces de resolver problemas de seguridad, olvidando o ignorando que no son otra cosa sino mecanismos, en este caso estructuras de dispositivos electrónicos que lo único que pueden hacer es detectar alteraciones en ciertas condiciones físicas dentro de un entorno.

En realidad, un sistema de alarma no es otra cosa mas que una plataforma donde se integran un conjunto de dispositivos denominados sensores, en los que se aprovecha las capacidades funcionales de la tecnología electrónica para detectar una cierta diversidad de alteraciones a las condiciones físicas presentes en un entorno, que pueden ser de naturaleza ambiental, como la humedad, la temperatura o la presión, o bien de alguna forma de actividad, como la iluminación o el movimiento.

El funcionamiento de esta plataforma consiste básicamente en la emisión de una señal de aviso por alguno de los sensores hacia un dispositivo o mecanismo indicador, cuando ocurre una alteración en el estado de ciertas condiciones esperadas en un entorno, tales como la interrupción de un circuito eléctrico o emisión luminosa, la vibración causada por un movimiento o una elevación de temperatura. Señal que a través de un proceso de interpretación sustenta una toma de decisión (por ejemplo, llamar a los bomberos) o desencadena una acción (activar los aspersores, por citar un caso).

A este respecto se tiene que aunque en algunas plataformas con recursos muy sofisticados se integran facilidades automatizadas que pueden ayudar en el proceso de interpretación, en última instancia siempre se requiere de la intervención del factor humano, ya que solo éste detenta los atributos de discernimiento que permiten tomar decisiones a partir de información incompleta, distorsionada y en ocasiones contradictoria, y emprender acciones cuando los mecanismos fallan.

Y es en este contexto donde se suele presentar la confusión más común que cuestiona la confiabilidad de los sistemas de alarma, las llamadas falsas alarmas, que consisten en la activación de un sensor y la correspondiente emisión de una señal de aviso sin que ocurra lo que se considera como una contingencia de seguridad, lo que proyecta una imagen de que el sistema se equivocó en la creencia común, y que a su vez lleva a la errónea conclusión de que no es confiable.

La cuestión de fondo es que las llamadas falsas alarmas confunden a la imaginaria popular porque no existen como tal, ya que los mecanismos no se equivocan. La realidad es que toda activación de un sensor es causada por alguna razón que debe ser identificada, ya sea un mal funcionamiento que debe ser reparado, o bien que efectivamente ocurrió una alteración en las condiciones del entorno, por una causa no atribuible a una contingencia de seguridad.

En consecuencia la confiabilidad de un sistema de alarma estará determinada, no tanto por la capacidad de detección de los dispositivos sensores, sino por la medida en que se le someta a un mantenimiento adecuado, y por la capacidad de interpretación de quien lo está vigilando. Ello en virtud de que lo que presenta un sistema de alarma no es otra cosa sino un indicador luminoso y/o audible encendido o apagado, cruda realidad, y que requiere de una interpretación para determinar si proyecta la existencia un riesgo o no.

Tanto las máquinas como los hombres pueden fallar, y solo los segundos pueden equivocarse, pero la gran diferencia es que solo el factor humano puede corregir fallas y errores, en especial ante condiciones imprevistas. De aquí que sea el elemento humano el factor determinante de la confiabilidad de un sistema de alarma, por el lado de los monitoristas con su preparación, pero por los usuarios con una percepción adecuada de la realidad, y no la ilusión de falsas expectativas.

Los sistemas electrónicos de alarma son útiles como cualquier otro instrumento de tecnología, si son operados aprovechando adecuadamente sus capacidades y facilidades, y con pleno conocimiento de sus limitaciones, lo que en última instancia marca la diferencia entre el espejismo de las por lo regular grandes pero falsas expectativas, causa de eventuales decepciones, frustraciones y descontento, y la realidad de los beneficios reales, mucho menos espectaculares pero a fin de cuentas efectivos.

La perspectiva para el futuro de los sistemas electrónicos se orienta hacia la convergencia tecnológica a través de plataformas de tecnología digital (IP), con innovaciones que seguramente traerán nuevas formas de beneficio, pero que también serán objeto de falsas expectativas por sobrevaloraciones acerca de sus capacidades y limitaciones, por lo que se requerirá de una mayor objetividad para identificar y dimensionar las posibilidades reales de aplicación.

Y por ello, probablemente el mayor reto tanto para los operadores como para los usuarios de esta nueva generación de aplicaciones tecnológicas en el campo de la seguridad electrónica será precisamente no caer en el espejismo optimista de las falsas expectativas, sino conservar la perspectiva de la realidad acerca de sus capacidades y limitaciones para proyectar posibilidades de aplicación factibles, viables y sobre todo plenamente satisfactorias.

Para estos efectos, el enfoque más recomendable es la perspectiva del usuario, que establece el perfil de necesidades en primera instancia, y después busca los recurso que pueden satisfacerlas de la mejor manera posible entre la oferta disponible; donde el perfil de necesidades debe contemplar la naturaleza del fenómeno que se pretende vigilar y los indicadores correspondientes así como las condiciones físicas del entorno en que ocurre, a fin de seleccionar los sensores adecuados a dicha naturaleza.

Esto evitara cometer errores garrafales como colocar sensores de movimiento en exteriores no controlados (que se activaran en todo momento) o detectores de humo a gran distancia de las posibles fuentes de incendio (que no lo detectaran con la debida oportunidad), lo cual comprometería su capacidad de vigilancia y en consecuencia la oportunidad para emitir la alerta ante la ocurrencia de una contingencia de seguridad real.

Porque un sistema de seguridad electrónica no es otra cosa sino un mecanismo de vigilancia que reemplaza la presencia humana en ciertos entornos, cuyo principal atributo debe ser la confiabilidad que permita fiarse de sus señalizaciones para tomar decisiones o desencadenar acciones sin necesidad de reflexión o una verificación, en especial en situaciones críticas donde la oportunidad de reacción es fundamental, pero que también una reacción errónea pueda causar mayores daños que la propia contingencia.

Un ejemplo de ello es el caso de una fábrica de productos de papel, en donde es fundamental detectar de inmediato cualquier conato de incendio y activar el sistema de extinción para evitar la destrucción de la instalación, pero en donde una señalización errónea que los active, inutilizaría tanto la materia prima como los productos, causando un quebranto financiero a la empresa. Por ello, no se puede hablar de soluciones globales aplicables a cualquier situación, las famosas recetas de cocina, sino de soluciones especificas a cada situación en particular. La oportunidad para la creatividad.

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