Comodidades, facilidades, rentabilidad: aspiraciones de bienestar con secuelas de riesgos ocultos
Publicado en la revista Seguridad en América, edición de Noviembre - Diciembre de 2011

La seguridad constituye una necesidad primordial para el ser humano, solo superada en importancia y prioridad por las de subsistencia para la vida. Sin embargo, la naturaleza restrictiva y aparentemente improductiva de la seguridad induce percepciones ambivalentes e incluso contradictorias, ya que a la vez que existe un fuerte reclamo por protección también hay reticencia para someterse a sus restricciones ya que se contraponen a las aspiraciones de bienestar que se consideran como atributos de calidad de vida. Reticencia que abre espacios de oportunidad para la ocurrencia de riesgos, dando la ocasión que hace al ladrón.

En general las aspiraciones de bienestar del ser humano se orientan a la mejora de su calidad de vida lo cual se visualiza como el logro de comodidades y facilidades para su quehacer cotidiano, así como de rentabilidad para obtener el mayor provecho posible como retribución por sus esfuerzos personales. El gran problema consiste en que por satisfacer estas aspiraciones se soslaya la cobertura de las exigencias de la seguridad, ya que por el afán de lograrlas y disfrutarlas se caen en distracciones, errores y omisiones que abren espacios de oportunidad para la ocurrencia de situaciones de riesgo, lo que para efectos prácticos significa que de alguna manera la propia víctima propicia los daños que sufre.

En este sentido se tiene que si bien es comprensible y respetable el legitimo derecho a disfrutar de las comodidades, las facilidades y la rentabilidad obtenidos como resultado del esfuerzo personal, también es conveniente considerar las condiciones y circunstancias para ello de tal manera que dicho disfrute no se convierta en un riesgo, o al menos se conozca su dimensión a fin de reducirlo en la medida de lo posible, o en todo caso asumirlo con plena conciencia de a que se expone. Para estos efectos lo conveniente es hacer un análisis de los posibles riesgos que se derivan de cada modalidad de tales comodidades, facilidades y esquemas de rentabilidad, a fin de identificar y dimensionar dichas riesgos y, en su caso, las perspectivas de anulación o reducción.

Las comodidades más comunes y que abren amplias posibilidades de riesgo son las de entretenimiento y comunicación, en particular los reproductores portátiles de audio e incluso de video, así como toda la diversidad de dispositivos de comunicación personal, desde los teléfonos móviles más simples para comunicación verbal hasta los dispositivos más sofisticados que posibilitan una comunicación con textos e imágenes. Las perspectivas de riesgo en estos casos se derivan de la distracción e incluso aislamiento del entorno que provocan y que los exponen a riesgos como asaltos, agresiones o accidentes de tránsito derivados del uso de audífonos, por concentrar la atención en las pantallas o por la operación de los teclados en los dispositivos.

Los reproductores portátiles de audio han sido una comodidad muy común desde la aparición del walkman de Sony en 1979, cuyo problema de seguridad es el uso de los audífonos que aíslan a la persona de su entorno y anulan su capacidad para detectar riesgos, que pueden ir desde un robo o asalto al ser sorprendidos por un ladrón que se aprovecha de su distracción, hasta algo más dramático como lo ocurrido a Iván Leobara Molina, un joven de 26 años que el pasado mes de junio murió arrollado por una locomotora en el municipio de Paso del Macho, en el estado de Veracruz, al usar sus audífonos para escuchar música y por ello no se percato de las advertencias de la locomotora ni de los gritos de los vecinos.

En la actualidad es común ver a gran cantidad de personas caminando por las calles con sus pertenencias, mochilas o bolsos en la mano, utilizando estos dispositivos y expuestos a esta clase de riesgos. Y también son frecuentes los casos de robos de pertenencias, en especial de bolsos de mujeres que van distraídas escuchando música o utilizando teléfonos móviles, con o sin audífonos, lo cual añade otro factor de ocasión para el ladrón además de la distracción: la exposición de un objeto de valor y el tener las manos ocupadas; de tal suerte que con una simple combinación de jalón y empujón los despojan de sus pertenencias. Un mundo cada vez mayor de oportunidades, al alcance de la mano del ladrón.

Los dispositivos de comunicación móvil representan otro tipo de riesgo por distracción, con el agravante de que no solo aíslan del entorno, sino que distraen la atención del entorno hacia las pantallas para ver lo proyectado, así como para la manipulación de los teclados para responder por medio de mensajes de texto. Estas posibilidades de riesgo, tanto por el uso de reproductores de audio e incluso de video como de dispositivos de comunicación móvil, se incrementan significativamente cuando la persona va conduciendo un vehículo por la perspectiva de un accidente de tránsito, situación muy frecuente a pesar de que existen regulaciones que sancionan este tipo de prácticas.

Los ladrones y delincuentes no son el único riesgo que existe para las personas, sino también los accidentes, los cuales estadísticamente tienen mayor probabilidad de que ocurran. Y el problema es que la mayoría de las causas de accidentes las provocan las propias víctimas por sus descuidos, distracciones, errores y omisiones, en algunos casos por un mal uso o incluso abuso de las comodidades. La decisión a este respecto es, en consecuencia, qué usar y sobre todo, donde usarlo.

La cuestión de las facilidades constituye probablemente el rubro de mayor confrontación con la naturaleza restrictiva de la seguridad, ya que por distorsión de la realidad, errores de apreciación o simple conveniencia, se malinterpreta a dichas facilidades como atributo de libertades, y a las restricciones de seguridad como un atentado contra estas. De hecho, paradójicamente en ocasiones en nombre de la defensa de las libertades se ha llegado al abuso de las restricciones, limitando precisamente la disponibilidad, el acceso y el goce de las facilidades. Aunque también es cierto que al amparo de las facilidades se han perpetrado graves daños.

Un caso muy conocido es la gran facilidad para adquirir armas de toda clase por los particulares en los Estados Unidos, defendida por la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés) al amparo de la Segunda Enmienda Constitucional. Facilidad que ha dado lugar a matanzas de civiles como en la Universidad de Texas en Austin en 1966 (14 muertos y 32 heridos), en la escuela secundaria de Columbine en Colorado en 1999 (13 muertos y 24 heridos), y en el Tecnológico de Virginia en 2007(33 muertos y 29 heridos). Y que también ha sido aprovechada para abastecer a grupos de delincuencia organizada en muchos países, entre los cuales México ha sido significativamente afectado.

Otro caso en este sentido son las facilidades para el libre tránsito de personas y bienes entre los países de la Unión Europea establecido a través del Acuerdo de Schengen firmado en 1985 y vigente desde 1995, al cual se adhirieron la gran mayoría de las naciones europeas y que fue orgullo, muestra y base del éxito económico de la integración europea. Sin embargo, a raíz del crecimiento y globalización del terrorismo, así como del incremento de la migración ilegal desde naciones en conflicto, en especial africanas, se ha generado una iniciativa para revertir o al menos imponer limitaciones a esta facilidad por parte de los países que se han sentido afectados por este fenómeno, encabezados por Francia e Italia, principalmente.

Las facilidades pueden propiciar y generar beneficios y prosperidad, pero no son gratuitos sino que tienen un costo, en ocasiones de seguridad. Costos que posiblemente no se manifiesten inicialmente o bien se produzcan por un cambio de circunstancias. Cambios que obliguen a revalorar en términos de costo - beneficio si vale la pena mantener las facilidades o modificarlas, en especial cuando el ladrón se empieza a aprovechar de ellas.

El enfoque de economía constituye un factor que compromete la efectividad de la seguridad ya que se enfoca a limitar la asignación de recursos, bajo una perspectiva de eliminar o al menos reducir los gastos improductivos, entre los que se suele considerar a la seguridad y sus requerimientos. El problema es que en el ámbito de la seguridad las limitaciones a los recursos inducen alguna forma de insuficiencia funcional, lo que redunda en degradación de su efectividad y cuya consecuencia directa es incrementar el grado de exposición a la ocurrencia de riesgos. Consecuencia que cuando se manifiesta es porque ya ha ocurrido el riesgo y muy posiblemente los daños, lo que para los propósitos de la seguridad es demasiado tarde.

La forma más generalizada de supuesta economía son los turnos de 24 x 24 en los servicios de seguridad con presencia de personal en modalidades de protección a personas (guardaespaldas) o a instalaciones (guardias intramuros) y en menor medida a trasportes (custodias). El beneficio económico se deriva de que se utiliza el mínimo posible de elementos para desplegar una cobertura total de 24 horas. El inconveniente fundamental es que se exige al factor humano que permanezca en condiciones funcionales por un periodo prácticamente imposible sin recurrir a alguna clase de apoyos, ya sea tomar descansos o incluso recurrir a sustancias estimulantes, ya que es inevitable un desgaste físico gradual e irremediable después de 8 a 12 horas en servicio continuo.

El efecto de esta forma de operación es que eventualmente se tendrá personal desgastado físicamente, con su capacidad disminuida y por ende expuestos al ataque de agresores que seguramente estarán descansados, en mejores condiciones físicas, y por ende con todas las ventajas. O bien la ruptura de las regulaciones de servicio por el personal que pueden derivar en descuidos y errores que abran espacios de oportunidad a los riesgos. Resultados que en todos caso repercuten en daños, que el usuario resuelve cambiando al proveedor del servicio, tapar el pozo después del niño ahogado, cuando en realidad siguen dejando el pozo destapado al mantener el mismo esquema de cobertura. Por ello las empresas que si entienden y están concientes de las necesidades de seguridad, utilizan por lo menos los esquemas de 12 x 24, cuando no los de 8 horas por turno.

Otra forma de supuesta economía es el de los denominados choferes - guardaespaldas, con los que se pretende obtener un beneficio de dos servicios por el precio de uno, pero que no proporcionan la protección deseada por el simple hecho de que al ir el elemento al volante le impide actuar eficazmente como recurso de protección, ya que es posible anularlo mediante el simple expediente de embestir al vehículo del blanco por el lado del conductor. Por ello el esquema realmente eficaz para la protección de personas requiere de un mínimo de un elemento dedicado exclusivamente a esta labor, asignando a otra persona la tarea de conducción del vehículo, la cual es conveniente que tenga algún adiestramiento en técnicas de conducción de seguridad.

Una última forma de supuesta economía es el uso de sistemas de vigilancia electrónica en todas sus modalidades (sistemas de alarma, videovigilancia o geolocalización) sin monitoreo activo, lo que si bien posibilita la detección de riesgos, no permite una reacción pertinente y oportuna para evitarlos o resolverlos. De tal suerte que la supuesta economía en gasto de personal se ve sobrepasada por el costo de las posibles pérdidas derivadas de los daños ocasionados. En este caso el error es depender solo del gasto de inversión en tecnología para evitar un gasto corriente en personal.

Las consideraciones de rentabilidad deben contemplar no tanto el valor patrimonial de los bienes sino el valor de su disponibilidad, bajo un enfoque de protección de la continuidad de negocio. Consideraciones que se pueden resumir en dos cuestionamientos ¿Cuánto vale lo que quiero proteger? ¿Cuánto cuesta protegerlo? Lo que requiere de una definición precisa de lo que se debe o desea proteger y que suele confrontar dos enfoques de visión: proteger los recursos (visión / protección patrimonial), o proteger lo que se puede hacer con esos recursos (visión de negocio / protección de la inversión).

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