Videovigilancia siglo XXI, cuando "más" puede no ser suficiente
Publicado en la revista Seguridad en América, edición de Enero - Febrero de 2012

Los sistemas de videovigilancia, también conocidos como Circuito Cerrado de Televisión o CCTV, se han convertido en el recurso tecnológico de mayor uso como apoyo para las tareas de seguridad en el nuevo milenio. La muestra más fehaciente de este fenómeno es el despliegue de miles de cámaras en prácticamente todas las poblaciones e instalaciones importantes de nuestro mundo en niveles que de alguna forma hacen realidad la alegoría orwelliana del Gran Hermano que todo lo ve. Y sin embargo a pesar de este despliegue masivo de recursos de vigilancia siguen ocurriendo una gran cantidad de situaciones, accidentes, incidentes y delitos en los que estos recursos solo sirven para tapar los pozos después y no para evitar que se ahoguen los niños, de tal suerte que parece que el Gran Hermano si ve todo, pero demasiado tarde para evitarlo.

Como todo recurso físico, en este caso de naturaleza tecnológica, los sistemas de videovigilancia tienen capacidades y limitaciones de tal manera que el éxito en su aplicación es consecuencia directa de saber aprovechar las primeras y soslayar o compensar las segundas. En este sentido se tiene que la capacidad fundamental de estos sistemas consiste en fungir como vigilantes que captan, registran y proyectan reproducciones de la realidad, no representaciones en ocasiones cuestionables o imprecisas como ocurre con otras modalidades como los sistemas de alarma o de geolocalización. Con la ventaja de que estos vigilantes siempre están en servicio porque ni se cansan, ni se distraen. Efectivamente todo lo ven.

Y esta ventaja es precisamente la razón fundamental de la proliferación de estos sistemas como recurso de vigilancia, como se ha manifestado en el reciente anuncio de la conclusión del programa Bicentenario para la Ciudad de México con el inicio de operaciones del nuevo centro de monitoreo y control, C4, iniciado en 2003 con la instalación de 150 cámaras en el Centro Histórico y que en este momento contempla una red de 11 mil 200 cámaras en calles y espacios públicos incluidas las instalaciones del Sistema de Transporte Colectivo, Metro. Las expectativas del Gobierno capitalino en este sistema, de acuerdo a sus propias estimaciones, es que la capacidad de vigilancia en la ciudad se multiplicará por 5, tomando como referencia que cuenta con 2 mil patrullas para las mismas labores.

Con estas mismas expectativas muchas otras poblaciones han desplegado sistemas de videovigilancia similares en número y tecnología con el propósito de reducir las posibilidades de riesgo y daño a la ciudadanía. Sin embargo a pesar de estos despliegues se siguen suscitando eventos de riesgo, en particular de delitos, de tal manera que los sistemas solo han servido para saber lo que paso, importante sin duda para la persecución de los responsables, cuando lo verdaderamente valioso seria evitar que pase, desde asaltos y enfrentamientos con armas de fuego en las calles, hasta secuestros, levantones o el abandono de cadáveres en las calles de las poblaciones, en pleno día para mayor escarnio de las autoridades que operan estos recursos de vigilancia.

Entre las múltiples causas para esta aparente deficiencia en la operación de los sistemas de videovigilancia se debe destacar su limitación inherente y es que si bien se puede llegar a contar con gran cobertura, ya que cada cámara equivale a un vigilante, estos son lo que se podría considerar como autistas sin discernimiento, porque aunque captan todo lo que ocurre dentro de su campo de observación o entorno de vigilancia, a pesar de la propaganda de algunos proveedores de estos equipos que integran funcionalidades de inteligencia artificial, la verdad es que NO son capaces de valorar las escenas que están captando a fin de determinar si representan condiciones o situaciones de riesgo, lo que abriría las posibilidades para anticiparse a los riesgos, y no solo reaccionar a su ocurrencia.

Para propósitos de efectividad el uso de cualquier plataforma tecnológica requiere de una interacción e integración hombre-máquina, ya que los mecanismos tecnológicos siempre estarán limitados a lo previsto en su programación por más sofisticados que sean, y solo el factor humano tiene la capacidad de discernimiento y decisión sobre todo tipo de situaciones, previstas o contingentes, y ante perfiles de información incompletos, confusos e incluso contradictorios. En este orden de ideas, en los sistemas de videovigilancia la plataforma tecnológica aporta la capacidad de captación y despliegue de información, como componente pasivo del sistema, pero el factor humano aporta la capacidad de identificación y detección de riesgos, como EL componente activo del sistema.

Por ello la base para conformar este potencial de efectividad en la operación de los sistemas de videovigilancia es, en primera instancia, seleccionar el tipo de monitoreo aplicado que puede ser activo cuando se destaca personal dedicado, o pasivo cuando no se destaca personal dedicado a dicho monitoreo. Y adicionalmente para la modalidad de monitoreo activo, que es el único que posibilita oportunidad de respuesta, se deben considerar las condiciones de competencia y suficiencia en los elementos destacados, las cuales están determinadas por el grado de preparación de los elementos, los referentes para la detección de las situaciones de riesgo, y sobre todo la cantidad de elementos destacados para la observación de los recursos de vigilancia, las cámaras.

La capacidad natural del factor humano se describe como 7+, lo que significa que es capaz de manejar mas de 7 situaciones simultaneas, alcanzando su rendimiento optimo en 7 y disminuyendo su efectividad conforme se le integran mas asignaciones, pero que con cierta capacitación, adiestramiento y referentes de apoyo es capaz de extenderla. Por ejemplo, sin considerar la complejidad de los escenarios de vigilancia se supondría que un monitorista es capaz de cubrir con efectividad un mosaico de 8 imágenes de cámaras, pero con las ayudas mencionadas podría llegar a cubrir con efectividad un mosaico de 16 imágenes. Lo cual no significa que no se pueda asignar a un monitorista la cobertura de un mayor número de imágenes, pero su efectividad se verá progresivamente disminuida.

En este contexto, las conformación de la competencia del factor humano debe contemplar: el acervo de conocimientos suficiente y necesario acerca de los parámetros y atributos que le permita identificar las situaciones de riesgo de interés bajo las circunstancias particulares de un entorno de vigilancia; los referentes de apoyo en forma de indicadores visuales con los que se identifican dichos parámetros y atributos; y las habilidades y destrezas de observación para poder distinguir su presencia o ausencia, según sea el caso de su perfil de comportamiento proyectado, en el ámbito físico del entorno de vigilancia. Lo cual corresponde a un programa de capacitación y adiestramiento acorde con las necesidades particulares del entorno de vigilancia.

El propósito de ello es acotar los objetivos de localización para facilitar su búsqueda a partir de especificar lo que interesa encontrar y dar indicaciones de como hacerlo, lo que permite concentrar la atención en cuestiones específicas a fin de evitar su dispersión y eventual distracción al intentar ver todo y acabar no distinguiendo nada, que suele ser el error común en las operaciones de monitoreo realizadas por personal no capacitado o inadecuadamente dirigido. Se dice que el problema no es cazar al oso sino encontrarlo antes de que él lo encuentre a uno, y este enfoque de funcionamiento tiene precisamente tal propósito de fondo, el de anticiparse en la medida de lo posible para reaccionar lo menos que sea necesario, y si lo es, hacerlo con la mayor oportunidad.

Por su parte para atender el aspecto de suficiencia se debe considerar la complejidad del entorno de vigilancia que se configura por el tipo de actividad desarrollada en el mismo y el número de protagonistas presente en dicho entorno, involucrados o no en la actividad, lo cual impone requerimientos de concentración para su observación y que por ende desaconseja la dispersión en un mayor número de asignaciones. Adicionalmente a lo anterior se deben considerar la duración de los periodos de servicio, ya que turnos demasiado prolongados con relación a la complejidad de los escenarios en los entornos de vigilancia inducen desgaste físico en el personal, y por ende una inevitable degradación en su efectividad de discernimiento y valoración para propósitos de detección.

El despliegue de MAS cámaras, como ocurre en la actualidad, proporciona una mayor capacidad de captación con amplitud de cobertura de espacios cuya aportación más significativa hasta ahora se ubica en el ámbito de la persecución de los perpetradores y responsables, lo que podría equivaler a saber donde están los pozos para taparlos y evitar que se ahoguen otros niños, pero después de que ya se ahogó un niño. Avance indudablemente valioso pero no lo suficiente para responder a las expectativas sociales de evitar que se ahogue ningún niño, lo cual solo se puede lograr mediante la detección anticipada o al menos inmediata de la ocurrencia de un evento de riesgo, posible únicamente mediante el despliegue de MAS capacidad de discernimiento.

Para lo cual dicha capacidad de discernimiento solo la puede proporcionar el factor humano, adecuadamente preparado, en suficiente cantidad y convenientemente dirigido, en lo que corresponde a una condición de competencia y suficiencia que se puede describir parafraseando las palabras de Green Howard en cuanto a que una maquina puede hacer el trabajo rutinario, pero no existe ninguna maquina que pueda hacer el trabajo extraordinario. Por ello se puede concluir que en el ámbito de la seguridad el simple despliegue de MAS tecnología nunca será suficiente para satisfacer las expectativas sociales de que no pase nada, sino que siempre se requerirá de una dotación competente y suficiente de elementos humanos.

Para que aun con la perspectiva de riesgos en cuanto al respeto de los derechos individuales, por conveniencia para el logro de los propósitos de la seguridad el Gran Hermano no solo vea todo sino que lo vea a tiempo de tapar los pozos antes de que caiga el niño, o al menos para sacar al niño del pozo en que ha caído antes de que se ahogue. Lo que materializa las posibilidades de anticipar para no tener que reaccionar, o de evitar para no tener que remediar.

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