¿Qué tan confiables y efectivos pueden ser los sistemas de geolocalización GPS?
Publicado en la revista Xtreme Secure, en la edición de Septiembre - Octubre de 2012

Los sistemas de geolocalización basados en los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS, Global Positioning System), como cualquier otro recurso de tecnología, constituyen herramientas de apoyo que ayudan a hacer el trabajo pero no hacen el trabajo, cuya eficacia está determinada por la medida en que se utilicen para lo que están diseñados y programados, y que se satisfagan los requerimientos exigidos para su funcionamiento.

Un sistema de geolocalización GPS se utiliza para localizar y rastrear a un objetivo móvil por lo general con propósitos de control así como de protección, y consiste en una plataforma tecnológica integrada por un dispositivo que capta las señales de referencia generadas por un Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS, Global Navigation Satellite System) para establecer posiciones geográficas, las cuales se transmiten a través de un medio de comunicación móvil hasta un mecanismo de visualización, por lo regular una plataforma de software, donde se proyectan como una representación de la realidad.

La capacidad fundamental de un sistema de geolocalización GPS, lo que puede hacer, es mantener localizado, de manera continua y en tiempo real a un objetivo móvil durante su desplazamiento en cualquier punto de la superficie terrestre, lo que permite hacer un seguimiento de lo que hace y en caso dado llegar a percatarse de lo que le pase, si se presenta alguna situación de riesgo que requiera alguna clase intervención. Lo que permite conocer el comportamiento del objetivo móvil, a partir de lo cual es posible aplicar medidas para regular dicho comportamiento (control) y/o activar previsiones para evitar que se exponga o sufra daños por situaciones de riesgo (protección).

Para estos efectos, la limitación primaria de un sistema de geolocalización GPS, lo que no puede hacer, es que no puede asegurar que la situación proyectada corresponde a la realidad ya que asume que el dispositivo está montado en el objetivo, que los datos recibidos son fidedignos y no han sufrido distorsiones a lo largo de la cadena de comunicación, y que el mecanismo de visualización los ha interpretado correctamente. Asimismo existen otras cortapisas por las exigencias de su funcionamiento, y que son el acceso a las señales satelitales y al medio de comunicación móvil desde el dispositivo, la aplicación de un mantenimiento adecuado, así como su colocación y conservación en condiciones que no interrumpan su continuidad funcional, ya sea por anulación o intercepción de las señales, o bien por destrucción o desinstalación del dispositivo.

Otro factor adverso son los riesgos del uso de un sistema de geolocalización GPS, esto es lo que pueden causar en un sentido de daños o perjuicios, y que provienen de la posibilidad de divulgación de información respecto a las grietas de seguridad en el objetivo de protección, que podría ser aprovechada por potenciales agresores, ya sea por si mismos mediante la intercepción o intervención en su plataforma tecnológica, o mediante deslealtades, indiscreciones o espionaje a través del elemento humano. Los cuales en conjunto con las limitaciones pueden llegar a proyectar una percepción errónea de que estos sistemas no son confiables porque presentan fallas.

Por ello el verdadero factor crítico para propósitos de confiabilidad y por ende de efectividad, es el elemento humano que se involucra bajo el esquema de interacción hombre-máquina típico en una estructura de sistema, materializado como una labor de monitoreo que puede operarse en dos modalidades:

  • Monitoreo activo, con un monitorista dedicado, esto es, con su única o al menos principal responsabilidad consistente en la observación del sistema de geolocalización.
  • Monitoreo pasiva, con un monitorista NO dedicado y por lo regular por medio de análisis retrospectivo de los registros históricos cuando algo ha ocurrido.

Cada una con diferente perspectiva de utilidad, de acuerdo a las perspectivas de actuación que se abren para llevar a cabo con base en la información que proporcionan, y que básicamente contemplan las posibilidades de:

  • Anticipar lo que puede ocurrir, lo que da la oportunidad de evitar el evento. Lo que en términos simbólicos equivaldría a tapar el pozo para que el niño no se caiga adentro.
  • Reaccionar a lo que está ocurriendo, lo que abre la oportunidad de contener o intervenir para aminorar, reducir e incluso revertir sus consecuencias, en particular las adversas. Lo que en términos igualmente simbólicos equivaldría a sacar al niño del pozo antes de que se ahogue.
  • Perseguir a los responsables de lo ocurrido, lo que reduce las posibilidades a sancionar y, en el mejor de los casos, resarcir los daños causados. Lo que en los mismos términos simbólicos equivaldría a tapar el pozo después del niño ahogado.

Para lo cual se tiene que solo con monitoreo activo es posible llegar a anticipar, evitar y en el peor de los casos perseguir, mientras que con monitoreo pasivo solo es posible perseguir.

En suma, el grado de confiabilidad de un sistema no reside tanto en los componentes tecnológicos sino en la forma de interacción con el elemento humano, adecuadamente apoyado en procedimientos de operación, protocolos de reacción, capacitación y sobre todo facultades de intervención para resolver anomalías, con todas las implicaciones de beneficio y riesgo que ello implica, como es la capacidad de valoración y decisión con discernimiento aun ante situaciones imprevistas en el primer caso, y la posibilidad de fugas de información en el segundo.

Asimismo el nivel de efectividad del sistema, consecuencia directa de su confiabilidad, estará determinado cuantitativamente por el índice de cumplimiento operativo y de recuperación de los bienes de valor que se pretende controlar y proteger, respectivamente, para lo cual se debe precisar cuáles son esos bienes de valor y su prioridad de interés, que pueden ser los vehículos de transporte, las personas o las mercancías transportadas, dado que en ocasiones se distorsiona la percepción pública destacando la recuperación de los vehículos de transporte, por lo regular más exitosa, que la recuperación de las mercancías, que suele ser lo más atractivo para los delincuentes y lo de mayor interés y por ende de perjuicio para los clientes de los servicios de transporte.

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