Transporte, un negocio amenazado por los riesgos en los caminos, ... y sin embargo se mueve
Publicado en la revista de la CANACAR, en la edición de Diciembre de 2012

A través de la historia de la civilización humana, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, el transporte de bienes y personas a lo largo de los caminos siempre ha estado expuesto a riesgos de todo tipo, desde los naturales debido a las condiciones físicas del terreno, pasando por los accidentes de toda clase y causa, hasta los provocados de manera intencional por el factor humano, como los robos y asaltos.

A pesar de estos riesgos, siempre ha habido quienes se aventuran a recorrerlos satisfaciendo la necesidad de abastecimiento de las poblaciones y de traslado de las personas, antaño a través de los servicios de los arrieros y en la actualidad por medio de los transportistas, adoptando para ello diversas formas de protección, como guardias armados a bordo del vehículo, estaciones de apoyo a lo largo de las carreteras o escoltas durante el recorrido.

Con el transcurso de los años, los riesgos no sólo no se han reducido, sino que se han transformado, incrementado y agudizado, al mismo tiempo que se han impuesto nuevos límites para el actuar de los particulares, entre ellos, las facilidades para la autoprotección armada. Paradojas de una actualidad en que, a la vez que se han desarrollado avances tecnológicos portentosos, se acumulan rezagos operativos vergonzosos para proteger al negocio del transporte.

Bajo las limitadas condiciones y circunstancias de la actualidad, los empresarios pueden adoptar medidas para enfrentar algunas posibilidades de riesgo, fundamentalmente las que se refieren a su operación, tales como el estado físico y funcional de las unidades, y el estado físico y emocional de los operadores. Pero lo que no puede (por capacidad) ni debe (por legalidad) es enfrentar por sí mismo a las abrumadoras fuerzas de la delincuencia.

Los hallazgos en Tamaulipas y Durango, por mencionar algunos, son una muestra clara e inequívoca de la capacidad de violencia de la delincuencia, y de su decisión de imponer su voluntad sobre la sociedad y el gobierno. Capacidad y decisión que sólo puede ser enfrentada por la fuerza de las corporaciones de seguridad pública en apego a su responsabilidad institucional, la cual a la luz de los resultados no ha sido cumplida, al menos con la efectividad esperada.

Si bien es utópico esperar que algún día se llegue a acabar totalmente con la delincuencia, una expectativa razonable es que las fuerzas gubernamentales, en el cumplimiento de su responsabilidad social, la replieguen, recuperando los espacios comunitarios para posibilitar la reconstrucción del tejido y los procesos sociales a fin de que contribuyan a restablecer el bienestar de la población. En suma, que conviertan al delito de algo habitual a algo excepcional.

Sin embargo, a pesar de todas las declaraciones oficiales, por ahora esta expectativa parece muy lejos de cumplirse, ante la reconocida insuficiencia de la capacidad gubernamental. Muestra de ello es el reclamo del presidente del Consejo de Instituciones Empresariales del Sur de Tamaulipas, Manuel Ibarra, a la Policía Federal División Caminos por el cese de los patrullajes en carreteras después de Semana Santa, arguyendo ésta una carencia de personal para realizar los recorridos.

En este sentido, la cuestión relevante es que si los que están obligados a protegernos no sólo han mostrado hasta ahora una escasa eficacia en este cometido, sino que se declaran incapaces de llevarlo a cabo; entonces la pregunta inevitable será ¿quién podrá hacerlo? Lo que nos hace recordar aquella frase popularizada en una serie televisiva del siglo pasado y ahora, ¿quién podrá defendernos?.

Frecuentemente, las compañías vinculadas al negocio del transporte han mostrado su disposición y voluntad para colaborar con las autoridades en el combate a la delincuencia, como lo demuestra el establecimiento del Punto Único de Contacto por parte de la Asociación Mexicana de Empresas de Seguridad e Ingeniería Satelital, AMESIS, que ya se ha anotado éxitos significativos en la recuperación de unidades robadas.

Enfrentar las nuevas formas de actuar de la delincuencia requerirá de nuevas técnicas y tácticas, entre ellas, algunas adaptaciones de métodos de otra época, como la organización de caravanas de vehículos, que ya se están utilizando en algunas zonas de riesgo, y otras verdaderamente innovadoras aprovechando los avances tecnológicos, como la adopción de un esquema similar al Control de Tráfico Aéreo para un seguimiento global del tránsito de vehículos.

Pero con todos sus recursos técnicos y humanos, el transportista sólo puede llegar hasta el punto de ubicar los puntos de conflicto, e incluso a detectar la presencia de delincuentes en las carreteras, como forma de coadyuvar a su combate. Información que en realidad no es desconocida para las corporaciones institucionales, ya que incluso han difundido mapas de los puntos de conflicto en los caminos, tanto de tipo operativo como relacionados con la inseguridad.

Soluciones extremas para tiempos extremos, con la aportación de los recursos e innovaciones técnicas del empresario para detectar y alertar acerca de la ocurrencia de eventos de esta naturaleza. Pero esta colaboración será infructuosa si no se cuenta con la intervención efectiva y oportuna de las corporaciones públicas para enfrentar y superar a la delincuencia, lo que requiere de una coordinación estrecha entre empresarios e instituciones contra este enemigo común.

El transportista suele tener en el fondo un espíritu osado dispuesto a enfrentar retos como las actuales amenazas en las carreteras. Y la mejor prueba de ello es que, a pesar de tales amenazas, los vehículos de carga siguen circulando por los largos y riesgosos caminos de México. En palabras de Galileo, y sin embargo se mueven. Esperando el momento en que la parte institucional responda a su responsabilidad y expectativas sociales. El momento en que los pasajeros y las mercancías puedan volver a, parafraseando a Atahualpa Yupanqui, andar y andar los caminos, sin nada que los detenga.

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