Tecnología para la Protección del Patrimonio Cultural
Publicado en la edición Julio - Agosto de 2013 de la revista Seguridad en América y en la edición Noviembre-Diciembre de la Revista Xtreme Secure

La tecnología constituye el recurso con el que la especie humana no solo ha logrado sobreponerse a sus propias limitaciones sino también superar a otras especies mejor dotadas físicamente, e incluso prevalecer sobre el medio hasta convertirse en la especie dominante de nuestro mundo, aprovechando para ello los recursos del propio medio, incluso a otras especies en su beneficio. El ámbito de la seguridad no escapa a esta tendencia y también se apoya de manera amplia e intensiva de las herramientas y recursos tecnológicos, adaptándose a las necesidades de cada una de sus tres líneas de acción genéricas: vigilancia, restricción e intervención.



Lo primero que se debe considerar respecto a los apoyos de tecnología es que un instrumento jamás podrá, por sí mismo, resolver de forma permanente un problema de seguridad. Sólo proporciona tiempo, el suficiente para que el agente agresor desista, o bien que se desplieguen los apoyos que puedan anularlo. Para estos efectos se pueden establecer las siguientes modalidades en cuanto a la funcionalidad de los equipamientos en seguridad:

Para estos efectos se debe considerar que los recursos tecnológicos actúan bajo dos modalidades, activa o pasiva, donde en la primera actúan a partir de reacciones a efectos físicos provocados, mientras que en la segunda actúan a partir de la detección de ciertos efectos físicos esperados.

De acuerdo a la UNESCO el patrimonio cultural representa lo que tenemos derecho a heredar de nuestros predecesores y nuestra obligación de conservarlo a su vez para las generaciones futuras. Por ello considera que las formas visibles de la cultura, monumentos, libros y obras de arte son tan preciosas que los pueblos tienen la responsabilidad de asegurar su protección. En este sentido se tiene que la protección del patrimonio cultural concierne a las circunstancias de su ubicación física, ya que dependiendo de las circunstancias de su ubicación, el objetivo de protección puede quedar expuesto a diversos fenómenos naturales que causen alteraciones o deterioro físico al material del objetivo de protección, y que se pueden describir en los siguientes términos:

  • Los bienes elaborados con materiales inorgánicos (granito, mármol, pedernal o metal) tales como esculturas y monumentos de tipo artístico o histórico, al ser sometidos a variaciones de temperatura experimentan los fenómenos de contracciones y dilataciones sucesivas que con el tiempo pueden llegar a romper su integridad estructural. Asimismo, si estos bienes además están expuestos al medio ambiente, se exponen a efectos de erosión y deterioro por el viento, la lluvia, la luz solar y el contacto humano.
  • Los bienes elaborados con materiales orgánicos (tela, piel, papel o pigmentos) tales como prendas, pinturas o documentos, al ser sometidos a variaciones de temperatura o humedad, así como a la exposición de cierto tipo de irradiaciones como la luz solar o emisiones infrarrojas, pueden desgastarlos en su estructura y contenido, incluso hasta el grado de su destrucción.

Por ello se deben considerar las condiciones físicas descritas por los atributos de fortalezas y fragilidades, y las condiciones funcionales, caracterizadas por su naturaleza de mueble o inmueble, de cada objetivo de protección como marco de referencia para proyectar las posibilidades de riesgos, que comprenden la sustracción de bienes muebles, y los daños contra todo tipo de bienes, resultado de accidentes (por ejemplo desastres naturales), incidentes (por ejemplo actos imprudenciales de los visitantes a un museo) o actos intencionales (por ejemplo el vandalismo o robos), de tal suerte que se puede establecer que los requerimientos de protección y salvaguarda, independientemente de las medidas para la conservación y restauración, contemplan los siguientes aspectos:

  • El resguardo de los bienes dentro de una instalación, de preferencia con facilidades de control ambiental, lo que sólo es aplicable para bienes muebles.
  • El acceso a la instalación donde se resguardan los bienes, y así como a los bienes en sí mismos dentro de la instalación.
  • La presencia de los bienes en la ubicación asignada dentro de la instalación, que sólo es aplicable a bienes muebles.
  • La integridad física y funcional de los bienes en sí mismos.

Para lo cual se recomienda usar recursos activos sobre los espacios de entorno alrededor de los bienes de patrimonio cultural, y solamente recursos pasivos sobre los bienes en sí mismos, en virtud de que no producen ninguna forma de transferencia de energía que puedan alterar su integridad física o funcional. En este sentido, las aplicaciones de seguridad requeridas serían para:

  • Restricción mediante el control de acceso externo a la instalación, e interior a las ubicaciones de los bienes dentro de la instalación.
  • Vigilancia de los espacios del perímetro exterior alrededor de la instalación, y de los espacios alrededor de los bienes, en particular los que se encuentren en exhibición.
  • Vigilancia de la presencia e integridad física y funcional de los bienes en las ubicaciones designadas dentro de la instalación.
  • Protección de la integridad física de los bienes contra eventos de riesgo, en particular incendios.

Las barreras consisten en estructuras físicas cuyo propósito es marcar o delimitar un perímetro de control a fin de obstaculizar o al menos dificultar el acceso no autorizado a ese perímetro; de tal suerte que se puede considerar como un recurso pasivo, con una función de RESTRICCIÓN y un propósito de Disuasión, y en todo caso de Contención pasiva. La expectativa respecto a este recurso es obligar a circular por ciertos espacios y a través de ciertos puntos de control, así como demorar y hacer visibles y ostensibles los intentos de franqueo no autorizado a través del perímetro.

Se puede incrementar la efectividad de este recurso complementándolo con otros componentes como la concertina y/o cerca electrificada en el borde superior, de sensores enlazados a un sistema de alarmas, o de dispositivos de videovigilancia para visualizar la actividad en el espacio de proximidad, a fin de detectar los intentos de intrusión a través de la misma. Aunque la adición de estos componentes, si bien incrementa de alguna manera la efectividad funcional, no establece una solución perdurable ya que pueden ser superables para una intencionalidad decidida a franquearla.

Los controles de acceso consisten en mecanismos cuyo propósito es regular la entrada y en ocasiones la salida de ciertos espacios a fin de restringir el acceso a y presencia dentro de dichos espacios; de tal suerte que se puede considerar como un recurso activo, con una función de RESTRICCIÓN y un propósito de Prevención, y hasta cierto punto de Disuasión y Contención activa. Estos mecanismos pueden ser tan simples como cerraduras mecánicas o electromecánicas, o tan complejos como sistemas electromecánicos con niveles de permisibilidad para accesos limitados o abiertos, por lo que la expectativa respecto a este recurso es obligar a contar con instrumentos de franqueo que pueden ser desde una simple llave, pasando por una tarjeta de contacto o proximidad, hasta las características biométricas de la persona. Asimismo, también se pretende bloquear los accesos no autorizados, y hacer visibles y ostensibles los intentos de forzar el franqueo a través de estos puntos.

Se puede para reforzar la efectividad de este recurso complementándolo con otros componentes como mecanismos de alertamiento enlazados a un sistema de alarmas, y de dispositivos de videovigilancia para visualizar la actividad sobre los puntos bajo control. Aunque de manera similar a las barreras, tampoco establecen una solución perdurable ya que pueden ser superables para una intencionalidad decidida a franquearla.

Los sistemas de alarma consisten en mecanismos cuyo propósito es la detección de alteraciones en ciertas condiciones físicas en un entorno sujeto a control y supervisión por algún interés de valor; de tal suerte que se puede considerar como un recurso activo o pasivo, dependiendo del tipo de dispositivos de detección, con una función de VIGILANCIA y un propósito de Prevención, y en un momento dado de cierta forma de Disuasión, si se utilizan señalamientos abiertos, y de Contención, si se asocian a la activación de mecanismos de alerta y solicitud de apoyos. La expectativa con este recurso es detectar la ocurrencia de ciertos fenómenos físicos proyectados para servir de indicadores de la posible inminencia u ocurrencia de situaciones de riesgo mediante el uso de diversos componentes de detección como contactos magnéticos en puertas, etiquetas pasivas de identificación por radiofrecuencia (RFID) adosadas a los bienes muebles, sensores de movimiento para los espacios próximos, sensores de presión adosados a las bases de descanso o sujeción de los bienes, sensores de ruptura de cristales en ventanas, puertas de cristal y escaparates de exhibición y sensores de vibración para muros y pisos.

Este recurso sólo proporciona una INTERPRETACIÓN de la realidad y no la certeza de lo que en realidad ocurre y sobre todo la causa de lo que ocurrió, por lo que es indispensable su corroboración mediante un recurso de visualización, como los sistemas de videovigilancia o la intervención del factor humano. Pero en ningún caso detenta capacidad para actuar por sí mismo a fin de intentar impedir la ocurrencia de los riesgos.

Los sistemas de videovigilancia consisten en mecanismos para la detección de anormalidades en los patrones de comportamiento dentro de un entorno sujeto a control y supervisión por algún interés de valor; de tal suerte que se puede considerar como un recurso pasivo, con una función de VIGILANCIA y un propósito de Prevención, y en un momento dado de cierta forma de Disuasión, si se utilizan señalamientos abiertos, y de Contención, si se dispone del concurso de un operador humano que pueda discernir si se trata de una verdadera situación anormal o no. La expectativa respecto a este recurso es detectar la ocurrencia de ciertos comportamientos dentro del espacio bajo control, proyectados para servir de indicadores de la posible inminencia u ocurrencia de situaciones de riesgo. Este recurso proporciona una REPRODUCCIÓN de la realidad, lo que aporta cierto grado de certeza acerca de lo ocurrido, sólo limitada por la capacidad de cobertura de los espacios por el despliegue de dispositivos de visualización. Una alternativa para ampliar esta capacidad de cobertura, es combinar su despliegue con un sistema de alarmas, aprovechando las facilidades de convergencia tecnológica de los equipos más modernos. Pero de la misma manera que los sistemas de alarmas, tampoco detenta ninguna capacidad por sí mismo para actuar a fin de intentar impedir la ocurrencia de los riesgos.

Los sistemas de detección de incendios consisten en mecanismos cuyo propósito es la detección de los indicadores que manifiestan la presencia de fuego, tales como elevación de temperatura o la presencia ostensible de emanaciones, ya sea humo o flama, de tal suerte que se puede considerar como un recurso pasivo, con una función de VIGILANCIA, y un propósito de Contención e incluso de Intervención. Por su parte los sistemas de extinción de incendios consisten en mecanismos cuyo propósito es esparcir sustancias que anulan algunos de los componentes del triángulo o tetraedro del fuego, como forma de extinción de un incendio, de tal suerte que se puede considerar como un recurso activo, con una función de INTERVENCIÓN, y por ende con un propósito de Contención e incluso de Intervención.

La expectativa respecto a estos recursos es detectar y anular con la mayor celeridad posible la manifestación de un incendio a fin de evitar o al menos reducir los daños a personas y propiedades. Para este propósito es imprescindible utilizar componentes de naturaleza activa tales como aspersores de agentes químicos, que pueden ser desde agua hasta gases inertes o polvos químicos, cuya operación puede proyectar efectos físicos sobre los bienes que interesa proteger, pero que se puede justificar sobre un criterio de el menor de los males al ser preferible una restauración sobre una eventual pérdida de dichos bienes.

Los recursos de tecnología por más sofisticados que sean, sólo son una herramienta que ayudan a hacer el trabajo pero no realizan el trabajo en sí mismo. Por ello, su aplicación a la protección del patrimonio cultual debe entenderse bajo la óptica de un binomio hombre-máquina típico del enfoque de sistema en un sentido amplio que reserva la intervención en última instancia para el factor humano como elemento consciente del sistema y responsable de las acciones de discernimiento y decisión, en especial para enfrentar situaciones que exceden la funcionalidad programada en los recursos tecnológicos.
El patrimonio cultural constituye un reflejo de los logros alcanzados y heredados a través de la Historia, y que en conjunto conforman los cimientos en que se sustentan las sociedades del presente. Por ello la protección del patrimonio cultural tal vez no constituya una necesidad para preservar las sociedades, pero si representa una responsabilidad de su parte, fundamentalmente de respeto y reconocimiento hacia sus antecesores, quienes con sus logros del pasado hicieron posible su presente.

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