Migracion Irregular, Gobernabilidad y Humanidad a prueba
Publicado en la edicion 95 Marzo - Abril 2016

La necesidad no reconoce ni respeta fronteras y ha sido la causa primigenia de las migraciones, de tal suerte que se le puede considerar como un fenómeno natural irrefrenable, y más aún cuando la necesidad que la impulsa atañe a temas de subsistencia o seguridad como las provocadas por el hambre o conflictos sociales. Por ello las migraciones, como una fuerza de la naturaleza, son prácticamente inevitables e imposibles de detener, como la lluvia al caer.

Una migración consiste en el ingreso de individuos a un nuevo entorno impulsados por una motivación que puede ir desde la simple conveniencia de mejores condiciones de vida (pastos más verdes), hasta otras más críticas como la supervivencia, lo cual siempre causa alguna forma y grado de alteración a las condiciones de armonía, equilibrio y/o estabilidad existentes, y que suele provocar confrontaciones entre inmigrantes y residentes, sobre todo si los modos de vida presentan divergencias y/o discrepancias conflictivas.

Los conflictos y confrontaciones entre residentes e inmigrantes, en ocasiones considerados como invasores, han causado la extinción de especies o la desaparición de culturas y civilizaciones, sustituidos por los nuevos ocupantes cuando son más fuertes, o una mezcla entre ambos, que suele resultar de mayor fortaleza y perdurabilidad. Por ello, históricamente los residentes de un entorno han desplegado restricciones de acceso, en la antigüedad como barreras físicas, y en la actualidad como regulaciones, para mantener y preservar las condiciones de confort, armonía, estabilidad y equilibrio que les proporciona su modo de vida, y sobre el que proyectan sus expectativas de bienestar y prosperidad.

La condición de fenómeno natural hace irrefrenable a la migración, y cuando se incumplen las regulaciones de ingreso se provocan problemas de seguridad tanto para los residentes como para los inmigrantes, derivados del enfoque adoptado para afrontarla, que puede ir desde una irregularidad administrativa hasta su criminalización. En este sentido la ONU considera a la migración como una irregularidad y no una ilegalidad, ya que si bien se transgreden disposiciones administrativas, ello no implica la comisión de delitos; aunque frecuentemente abre espacios de oportunidad para la delincuencia, lo que intensifica las presiones para su criminalización ya que proyecta una confrontación entre las necesidades de gobernabilidad y el sentido humanitario que debería ser característica fundamental de cualquier sociedad.

Entre los problemas de gobernabilidad que se derivan de la migración irregular destacan los siguientes que pueden provocar la ruptura del orden y la tranquilidad social, con consecuencias no sólo de rechazo sino de hostilidad y agresión contra los inmigrantes:

  • La imposición de una carga social por el sostenimiento de los inmigrantes con cargo a los residentes, que en sociedades con carencias e insuficiencias pueden llegar a comprometer las perspectivas de estabilidad social.
  • La competencia por los recursos escasos de subsistencia (alimentación, empleo, o vivienda), entre residentes e inmigrantes.
  • El surgimiento de enfrentamientos por choques culturales entre modos y ópticas de vida discrepantes, divergentes e incluso confrontantes, ente residentes e inmigrantes, que se intensifica cuando éstos pretenden imponerse, como minoría, sobre la mayoría residente.
  • La formación de núcleos de población que no pretenden integrarse al entorno de tránsito por una perspectiva de temporalidad de permanencia, que suele volverse demasiado prolongada y por ende causa de enfrentamientos.
  • La infiltración de elementos antisociales, incluso criminales, enmascarados en el flujo de inmigrantes.

Lo cual ha llevado, sobre todo a los entornos de tránsito como México, a adoptar restricciones muy estrictas, de una virtual criminalización, por ello cuestionadas con base en consideraciones humanitarias y que no sólo no han resuelto ni aminorado el fenómeno, sino que han abierto espacios de oportunidad a la delincuencia organizada para sus actividades criminales como secuestro, extorsión, trata de personas, narcotráfico e incluso reclutamiento para nutrir sus filas.

Por su parte, entre los cuestionamientos que con un sentido humanitario se proyectan para este mismo fenómeno se destacan los siguientes que responden a la condición de racionalidad y sensibilidad que deberían distinguir a la civilización humana:

  • El respecto y protección de los Derechos Humanos de los migrantes, en cumplimiento de los compromisos y obligaciones establecidos en el Derecho Internacional.
  • El sentido de solidaridad que debería ser innato en el ser humano, y que encuentra su manifestación de mayor sensibilidad en el auxilio a los necesitados en cuestiones críticas de supervivencia.
  • Un principio de congruencia con las tendencias de globalización que por un lado promueven el libre tránsito de personas, bienes y servicios, pero que por consideraciones de soberanía y nacionalidad imponen condiciones de desigualdad e inequidad de trato, que con visos de hipocresía son tolerados si aceptan tales condiciones de sometimiento.

Lo que se ha convertido en causa para organizaciones humanitarias que la han convertido en línea de activismo social y político, con demandas que si bien justificadas, han sido manejadas con una estridencia que provoca una visión distorsionada y polarización social. Cierto que los migrantes deben de recibir la debida protección a sus derechos, pero también que deben respetar y cumplir con las obligaciones imperantes en el entorno al que han ingresado.

La migración NO debe ser considerada como un problema de gobernabilidad al que se le debe dar una solución de seguridad, con un enfoque persecutorio de criminalización, sino entenderse como un fenómeno natural, complejo e irrefrenable, causante de problemas cuyas soluciones deben construirse con un enfoque multifactorial y sustentadas en el consenso y el concurso de todos los actores sociales, basado en un equilibrio entre la prevalencia de derechos y oportunidades de los nacionales y el respeto a los derechos de los no nacionales, migrantes regulares o irregulares. Este es el reto para los pueblos involucrados, expulsores, receptores o de tránsito, en este fenómeno que no se puede detener, como la lluvia al caer.

¿Quién pudiera / detener / la lluvia al caer?
Creedence Clearwater Revival

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