La evacuacion, en un minuto?
Publicado en el Boletin Informativo de CEAS Mexico, A&o III, Numero 2

Autor. Juan Carlos Tron Gonzalez, Representante Provincial de CEAS Mexico en el Estado de Jalisco

Es obligación de todos los mexicanos saber que el 19 y 20 de septiembre de 1985 se presentaron dos sismos que han sido los más catastróficos por la cantidad de muertos, heridos, damnificados y destrucción que produjeron, no sólo en el Distrito Federal, sino en varias ciudades de la República Mexicana.

Este desastre también fue el preámbulo para la creación formal del Sistema Nacional de Protección Civil toda vez que previo a este evento no existían en el país sistemas estructurados en dicha materia.

Previo a los terremotos de 1985 no se contaba con códigos de construcción antisísmica y eran más recomendaciones empíricas, adquiridas por tradición familiar, que sistemas o procedimientos adecuados de actuación lo que se sabía en materia de evacuación de inmuebles.

El Sistema de Alerta Sísmica inició su funcionamiento experimental en agosto de 1991 y su existencia se hizo pública el 14 de mayo de 1993, después de alertar, con avisos anticipados de 65 y 73 segundos, el inicio de sismos de magnitud 5.8 y 6, ocurridos a las 21:10 y 21:12 horas en Guerrero (Espinosa-Aranda, et al, 1995).
Después de esta prueba, en agosto de 1993 las autoridades del Gobierno del Distrito Federal anunciaron el inicio de este servicio público.

Es posterior a la creación del Sistema Nacional de Protección Civil y a la entrada en operación del Sistema de Alerta Sísmica que se comienza a dar difusión a la necesidad de realizar simulacros de emergencia a fin de que la población tuviera los conocimientos específicos de qué hacer en caso de sismo. Se comienzan a difundir recomendaciones generales de actuación e inclusive surgen varias teorías, algunas de ellas sin fundamento, que buscan incrementar la posibilidad de supervivencia ante un terremoto catastrófico.

Desgraciadamente estas recomendaciones son generales, no son ni pueden ser específicas a cada escenario, de hecho, el Sistema de Alerta Sísmica sólo opera de manera eficiente en el Distrito Federal (Actual Ciudad de México) y algunos estados como Morelos, Puebla, Querétaro e Hidalgo, puesto que la velocidad a la que viajan las ondas sísmicas no permite la instalación de un sistema eficiente en el resto de la República puesto que no se cuenta con un tiempo suficiente, como lo son los 50 a 70 segundos que da la alerta sísmica, para aplicar un procedimiento eficiente de actuación.

Se han lanzado al mercado diferentes aplicaciones para teléfonos inteligentes que pretenden alertar, con resultados muy pobres, acerca de la ocurrencia de un terremoto, pero sus fallas son múltiples como alertar a la población con muchos minutos posteriores a la ocurrencia del sismo, o como aquellas que por $60.00 anuales prometen alertar la población de la franja costera del pacífico acerca de sismos pero que no tienen la capacidad técnica suficiente para dar dicha alerta, menos aun cuando los sismos tienen su epicentro en tierra y el tiempo en que se perciben es mínimo, por lo que no se pueden considerar como una herramienta efectiva y suficiente para prevención o actuación.

Pero además de lo anterior, existe un problema más grave y complejo con respecto a los procedimientos de actuación en caso de sismo y es la ejecución de simulacros y el tiempo de respuesta y evacuación ante estos.

Tradicionalmente, por instrucciones de la Secretaría de Educación Pública, todos los centros educativos deben realizar por lo menos dos simulacros de emergencia al año, el escenario más socorrido y obvio para el desarrollo de estos simulacros es el de sismo, por ser tal vez el escenario más simple, dejando de lado otros que se presentan con mayor frecuencia o probabilidad como son el de incendio, fuga de substancias químicas peligrosas e inclusive enfrentamientos armados.

El proceso generalizado para el desarrollo de los simulacros consiste primero en informar a toda la población estudiantil, incluidos docentes y personal administrativo la fecha y hora exacta en que se llevará a cabo el simulacro. A la hora establecida, se hace sonar la alarma de emergencia y todo el personal debe salir del área en que se encuentra y dirigirse al punto de reunión, en donde los alumnos deberán formarse en filas ordenadas y el personal docente deberá realizar el pase de lista de todos los alumnos, el director de la escuela realizan la revisión del plantel para finalmente decretar que no existen daños y todo vuelva a la normalidad.

De acuerdo a los protocolos emitidos por algún desconocido, la evacuación de un inmueble se debe realizar en menos de un minuto y es aquí en donde encontramos la primera falla. Es imposible pensar que una escuela de dos niveles, con diez salones y 30 alumnos en cada salón pueda realizar el desalojo en menos de un minuto, pensar en el desalojo de un edificio de diez pisos en menos de un minuto es simplemente irrisorio. Si a esto le sumamos la presencia de personas con limitación de movimiento, la evacuación del inmueble en un minuto o menos se convierte en algo totalmente utópico.

La segunda falla del protocolo popular es el hecho de que se realice el pase de lista alumno por alumno. Este procedimiento, en lugar de favorecer a la detección rápida de la presencia o ausencia de un integrante de la plantilla, incrementa el tiempo que es vital para su localización, cuando esto se puede realizar con un conteo rápido inicial, preguntando al resto de los integrantes del grupo si tienen conocimiento de la ausencia de algún compañero y por último, corroborar con la lista si dicha persona faltante realmente asistió o no a las instalaciones.

Por último, la revisión del inmueble. Sería ilógico que, si después del sismo se detectaran daños como desprendimientos de fachadas o enjarres, grietas en muros o ruptura de cristales se permitiera el reingreso del personal a las instalaciones y estos daños se pueden detectar por una simple inspección visual desde el exterior.

La presencia de daños puede ser subestimada y desencadenar una verdadera tragedia por lo que debe ser del conocimiento público que en caso de daños, aun y cuando parezcan menores, se debe solicitar un peritaje estructural emitido por un especialista.

La difusión de los procedimientos generales de actuación en caso de sismo debe ser una práctica que se erradique totalmente, en primer lugar porque nunca será el mismo procedimiento que se aplique a un edificio de diez pisos, que a un hospital o inclusive, una escuela pública y una privada, simplemente porque los procedimientos se deben desarrollar de acuerdo a la ubicación del inmueble y sus características de construcción y no a lo que la tradición ha dictado puesto que el actuar por medio de estándares o recomendaciones tradicionales causarán confusión y daños en caso de un escenario real.

Se debe crear conciencia en todas las personas acerca de la importancia vital de conocer cuáles son las características particulares de los inmuebles en los que se encuentran habitualmente y que zonas pueden ser consideradas como seguras a fin de resguardarse en caso de sismos.

Para la ejecución de simulacros es importante que las personas se acerquen a las unidades de protección civil puesto que ellos tienen la obligación legal de asesorar de manera gratuita a toda la población acerca de la forma correcta de desarrollar sus procedimientos específicos de actuación en emergencias, esto con la finalidad de saber en qué circunstancias se debe evacuar y en cuáles no.

Por último, se debe desterrar la tradición de que un simulacro, entre más rápido se realice es más efectivo. El objetivo de un simulacro es poner a prueba los planes de actuación en emergencias, previamente desarrollados y no como tradicionalmente se ha hecho, una carrera contra reloj para saber quién logra llegar más rápido al punto de reunión.

Con esto se incrementará en gran medida la posibilidad de sobrevivir ante un fenómeno que es inminente e impredecible.

En conclusión es responsabilidad de todas las personas conocer la materia de actuación en caso de emergencia siendo conscientes de que esta se puede presentar el cualquier momento y lugar. Las autoridades tanto de protección civil como de educación deben implementar una campaña efectiva de difusión de esta materia y no sólo emitir recomendaciones generales o exigir cumplimientos mínimos indispensables para que todos hagamos como que cumplimos y ellos crean que se están haciendo las cosas de manera adecuada.

Se deben erradicar falsas creencias y los procedimientos de actuación deben ser más técnicos y menos empíricos ya que es increíble que a 30 años del terremoto de 1985 la materia de la protección civil no sólo se encuentre en pañales, sino además, exageradamente devaluada y subestimada. Si la población de este país cree que porque ya tuvimos un gran terremoto pagamos la cuota, están en un grave error. Jamás se debe olvidar que estamos expuestos a una infinidad de fenómenos que nos pueden ocasionar desde un susto, hasta un daño catastrófico. Se debe dar más seriedad a esta materia para salvaguardar lo más importante que tenemos, la vida.

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