PROTEC, Prevencion de Riesgos en la Operacion de Transportes En Carretera
Publicado en la Edicion 106 Enero-Febrero de 2018 de la revista Seguridad en America
Una aplicacion de VIDA en el camino

El objetivo toral del negocio de logística es que los transportes lleguen a donde deben llegar, cuando deben llegar y como deben llegar, a fin de que los bienes transportados logren sus objetivos de valor comercial y/o beneficio social. Por ello el enfoque de seguridad para este negocio se orienta a reducir las amenazas adversas a tal logro, de las cuales la más relevante es la actuación del factor humano como fuente de actos y condiciones de riesgo, de acuerdo al Modelo de Heinrich.

En general las amenazas contra la operación de los transportes en carretera comprenden lo que se describe como la Triple A, Averías, Accidentes y Agresiones, en las cuales la participación del factor humano con mayor potencial de riesgo corresponde a su operación, es decir en su función como conductores, de tal suerte que, para propósitos de seguridad, la cuestión crucial es la capacidad del operador para evitar y reducir los riesgos que se pueden presentar en el camino, en particular la rapidez de reacción ante el surgimiento de tales amenazas, ya que el problema básico será detener a un objeto en movimiento en el menor tiempo y distancia posible para reducir la extensión de los posibles daños.

En este contexto, la reacción de un operador de transporte ante el surgimiento de condiciones y situaciones de riesgo se enmarca en el contexto del proceso DIDA con que se materializa el razonamiento humano, que en este caso particular se convierte en VIDA, ya que el mecanismo predominante de Detección es la Vista, cuya efectividad se determina por lo siguiente en cada una de las fases:

  • Ver (Detectar). Visibilidad del entorno (campo visual, iluminación, definición de formas, figuras y cromáticas) y Agudeza Visual (alcance, diferenciación de formas, figuras y cromática).
  • Identificar. Conocimiento físico (que debe o no debe haber) y funcional (qué debe o no debe suceder) del terreno en cada tramo del camino.
  • Decidir. Conocimiento y comprensión de los referentes (indicadores de riesgo y de normalidad) para la valoración de las condiciones presentes en el camino, así como de las alternativas de cursos de acción a tomar.
  • Actuar. Capacidad física para ejecutar las acciones del curso de acción que se decida seguir.

De tal manera que dicha efectividad se puede degradar por el efecto de las condiciones físicas tanto del entorno (visualización obstaculizada, insuficiente iluminación) como del propio componente humano (deficiencias fisiológicas, fatiga, alteraciones psico-somáticas, padecimientos, intoxicación por sustancias, etc.).

Por ello se puede establecer que el factor más determinante para efectos de prevención de riesgos en la operación de los transportes en carretera es la velocidad, y no tanto el peso y las dimensiones del vehículo, ya que siempre será posible operar cualquier tipo de vehículo con riesgos mínimos si se conduce a una velocidad adecuada a la concurrencia de las siguientes condiciones físicas y funcionales del camino, tal que permita su detención en la distancia conveniente para provocar los menores daños posibles:

En virtud de que estas condiciones, actuando tanto de manera individual como concurrente, comprometen la efectividad del proceso VIDA en el conductor, la directiva de velocidad máxima de 80 Kph establecida en la NOM-012-SCT-2-2014 para la circulación del trasporte pública es insuficiente como medida de prevención de riesgos, de tal suerte que para propósitos de seguridad se propone la adopción de una práctica de prevención que consiste en operar el vehículo en lo que se puede describir como una Velocidad Aceptable de Seguridad (VAS) determinada específicamente para las circunstancias particulares de cada tramo en el camino, y proyectada en escalas para varios escenarios correspondientes a las posibles combinaciones de iluminación y clima.

Asimismo, el mecanismo más conveniente para la aplicación de esta práctica es la elaboración y uso como referencia de un Plan de Ruta, conocido y entendido por el operador del transporte, en el cual se describan los parámetros de VAS para los diversos escenarios en cada tramo de la ruta, y que sea susceptible de alguna forma de verificación para efectos de control por una instancia independiente como puede ser los servicios de rastreo vehicular mediante el monitoreo de dispositivos de geolocalización GPS. En la medida en que los parámetros VAS estén adecuadamente determinados, y sean observados en la operación del vehículo, se reducirán las probabilidades de riesgo para el mismo, y los valores que transporta. Adicionalmente, podría configurar una forma de virtual blindaje contra las prácticas de extorsión, debido a que se contaría con elementos de evidencia que podrían demostrar la inexistencia de violaciones a la normatividad de tránsito en los caminos.

La adopción de esta práctica requiere de un proceso muy laborioso, pero se estima que las perspectivas de beneficio antes descritos pueden compensarlo suficientemente. Pero también puede ser considerada como inconveniente o incluso contraproducente, si entra en conflicto con intereses de negocio en la operación de logística, en particular si impacta como repercusiones financieras, por ejemplo ante circunstancias que pudieran derivar en penalizaciones o alguna forma de quebranto por demoras en la entrega de los bienes transportados.

La prevención de riesgos en cualquier campo, y en particular en el negocio de logística, no es algo gratuito ni simple, sino que representa costos de diversos tipos, sobre todo de índole financiera, organizacional y de procedimiento, de tal suerte que es decisión de cada organización determinar el nivel de riesgo que pretenda cubrir o afrontar, jugársela. Costos que se pueden reducir hasta cierto grado con una buena planeación, y que redundará en éxitos en la reducción de riegos, pero sin olvidar que siempre existirá un inevitable margen de incertidumbre que redundará en incidencias de eventos y daños, por la inherente naturaleza heterogénea del ámbito de la seguridad.

Más vale prevenir que lamentar

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