Migracion ¿Problema o Fenomeno?
Emigrar es la esencia del darwinismo;
la búsqueda de la supervivencia
por encima de tus arraigos
Alba Codutti
La migración induce cambios en los entornos en que se desarrolla, ya sea de emisión, tránsito o recepción, tan solo por la ocupación de espacios, el consumo de recursos o el depósito de deshechos, además de las alteraciones a su dinámica. Cambios que de alguna manera provoca perturbaciones en dichos entornos, lo que deriva en ocasiones en efectos de resistencias, rechazos e incluso confrontaciones de los residentes con los migrantes, que se perciben como invasores al entorno. Efectos que, en el caso de la migración humana, se llegan a considerar erróneamente como un Problema de Seguridad Nacional.
La migración es una cuestión de necesidad y posibilidad, es decir, de voluntad y movilidad. Se migra porque no se encuentra lo que se necesita en el entorno de residencia, y se tiene la posibilidad de desplazarse a un entorno en el que existe, o se piensa que existe, lo que se necesita. En este orden de ideas se podría considerar que la dinámica de la migración responde a una especie de atracción gravitacional hacia entornos en donde se piensa que se encontrarán los satisfactores para las necesidades y las oportunidades para las aspiraciones, requeridas o deseadas respectivamente. La ilusión de los pastos más verdes (greener grass).
La migración NO es un problema, que eventualmente y en algún momento se pueda terminar. La migración es un fenómeno natural, permanente o al menos recurrente y tan inevitable e interminable como las tormentas, sismos o huracanes, que puede ser de carácter temporal o definitivo, como el caso de las aves o las mariposas Monarca. Por tanto, la migración NO es un tema que se pueda resolver, sólo se puede administrar o gestionar, aprendiendo y adaptándose a vivir y convivir con ella, tratando de reducir, en la medida de lo posible, los efectos de perturbación en los entornos en que se desarrolla.
La migración humana es un fenómeno natural PERO también es un fenómeno social, con un perfil de complejidad, diversidad y heterogeneidad que provoca efectos de perturbación en los entornos receptores y de tránsito, y que son la verdadera fuente de los problemas, causantes del descontento, la resistencia, el rechazo social e incluso la confrontación entre la población residente en dichos entornos hacia los migrantes. En este contexto, cuando se tienen condiciones de escasez de espacios y recursos, aderezados con un clima de descontento social, los migrantes son percibidos como una competencia por esos recursos y espacios, y por tanto como una amenaza, lo cual propicia la adopción de disposiciones de sentido prohibitivo que, en conjunto con la impunidad, son áreas de oportunidad para fortalecer la delincuencia organizada que surge como una alternativa para facilitar el tránsito de migrantes. A toda demanda, siempre habrá alguna forma de oferta, que en este caso representa un negocio con un valor estimado en 80 mmdp operados por la delincuencia organizada.
A partir del principio de que todo es cuestión de percepción (El tigre, el león y la pantera son animales inofensivos, sin embargo, las gallinas, los patos y los gansos son animales altamente peligrosos decía una lombriz a sus hijos.), se puede establecer que la base para gestionar el fenómeno de la migración debe iniciar por un camio cultural en su percepción social como amenaza evitable y por ende solucionable, a una situación ineludible, y por conveniencia gestionable (no es posible evitar los sismos o huracanes, pero si gestionar la aminoración de sus efectos). Situación que se enfatiza por el sentido de civilización atribuido a las sociedades humanas, que las obliga al respeto a los derechos humanos de los migrantes, lo que transita por alguna forma y grado de este cambio cultural.
La ubicación geopolítica de México convierte a Nuestro País en un entorno inevitablemente involucrado en el fenómeno de la migración, predominantemente de tránsito en la actualidad, reconocido por la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU como el corredor más transitado del Mundo, pero también con características de emisor, por las condiciones socioeconómicas y políticas, y forzados como recepción, ante el endurecimiento de las políticas migratorias de los Estados Unidos, que constituye el destino principal de los migrantes como centro gravitacional del fenómeno. En este contexto, se puede considerar que la ubicación de México equivale, guste o no, a la de un cauce fluvial, por el cual inevitablemente va a correr el agua, sin importar los obstáculos que se pretenda imponer, los acabarán por superar de alguna manera. Obstáculos que podrían detener el flujo … un tiempo, pero flujo que acabará por derribar el obstáculo, o fluir por otros caminos sobre el mismo cauce. Por ello es fundamental conocer y entender el motor del fenómeno, el migrante.
El migrante es un individuo con un perfil de necesidad, ambición, desesperación o combinación de tal grado, que le da la suficiente decisión y convicción para atravesar un terreno hostil, para escapar de un entorno adverso, para llegar a un posible espejismo de paraíso, que puede resultar aún peor. Decisión y convicción con la fuerza que da la energía de la desesperación, capaz de afrontar condiciones adversas, que llegan a ser un verdadero infierno de humillaciones y vejaciones, para alcanzar su destino. Una fuerza natural tan irrefrenable como el torrente que baja hacia el valle, que cuando encuentra un obstáculo arremete contra él hasta quebrarlo, o busca filtrarse a través del obstáculo.
En este orden de ideas, la migración NO es un problema por sí misma, el problema es la magnitud del fenómeno, porque no hay algo que pueda aminorar el caudal del torrente, de manera similar a como la deforestación elimina los árboles que podrían absorber y aprovechar parte del caudal que baja de las tierras altas. De aquí que la solución ideal sería algo equivalente a reforestar el terreno, que no consiste literalmente en sembrar arbolitos, sino que equivale a generar un desarrollo económica en los entornos que hoy son emisores, creando fuentes generadoras de riqueza que pueda ser distribuida en un clima de orden y tranquilidad que arraiguen a su población. Situación no existente que propicia la magnitud desbordada del fenómeno de la migración.
Ante este escenario de desbordamiento, se pueden proyectar dos modelos de gestión, el modelo de dique y el modelo de presa.
La configuración específica de un modelo de gestión de la migración necesariamente estará determinada por las características particulares de cada entorno, como una concurrencia multifactorial de factores potencialmente controlables y otros definitivamente no controlables. Para estos efectos, Nuestro País integra condiciones de los tres escenarios:
La incapacidad para entender la migración como un fenómeno, y la incompetencia derivada de ella para gestionarlo, propicia la adopción de disposiciones prohibitivas del tipo dique, justificadas con un enfoque de Seguridad Nacional, que sólo contribuyen a agravar los problemas derivados de este fenómeno. Porque la atención a este fenómeno debe ser multilateral, en conjunto con los entornos emisores y el entorno receptor final, en el primer caso por las condiciones que propician y motivan a migración, y en el segundo, por lo contradictorio de las restricciones de ingreso respecto al supuesto principio de crisol (melting pot) que presumen como base de su integración como Nación, y según se expresa en el pedestal de la Estatua de la Libertad en la Ciudad de Nueva York … Mandadme a estos seres sin tierra que la tempestad me trajo ….
Las medidas con enfoque de dique adoptadas por Nuestro País para intentar gestionar el fenómeno de la migración como un problema, fundamentalmente por presiones del vecino del Norte, no sólo han confirmado su inefectividad, sino que han creado conflictos adicionales de perturbación social, tanto por las confrontaciones de los migrantes con la población residente, como por la actividad de la delincuencia organizada que ha aprovechado estos espacios de oportunidad que se le han abierto. Asimismo, ha provocado que los costos de toda índole (sociales, económicos, políticos) recaigan en su mayor parte sobre México. Por ello, es conveniente considerar la adopción de medidas con un enfoque de presa, con mayor potencial de efectividad ante la naturaleza real del fenómeno.
La migración siempre va a existir, la única diferencia es la magnitud en que se presenta, que es consecuencia directa de las condiciones adversas en los entornos emisores, y el atractivo de los entornos receptores. Ejemplos históricos de ello fueron, en el caso particular de los Estados Unidos, la migración irlandesa que se inició por la Gran Hambruna de la Papa en Irlanda entre 1841 y 1845, la migración china a partir de 1848, atraídos por la fiebre del oro en California, la migración italiana a partir de 1890, y la migración de latinoamericanos, mexicanos principalmente, de forma masiva a partir de la Segunda Guerra Mundial. Poblaciones migrantes rechazadas en principio, a pesar de su contribución a la prosperidad del País.
La adopción de un modelo de gestión con enfoque de presa, no es posible implementarse de manera unilateral, sino que requiere de al menos la colaboración del entorno receptor, ante el desinterés e incapacidad de los entornos emisores, los países del Caribe y Centroamérica principalmente. Para estos efectos, el mayor problema son las cuestiones de política interna de los Estados Unidos, por la confrontación entre intereses electorales ante su población, al menos ciertos segmentos de ella, con los económicos, evidentes ante la falta de mano de obra para cubrir espacios laborales. Por ello, los argumentos para construir un modelo de este tipo probablemente sean más de conveniencia económica que consideraciones sociales o humanitarias con un sentido de ganar-ganar. Lo que importa, al final y con ciertos límites, es el bienestar y prosperidad de las personas, no tanto las palabras.
Si fuera la patria como una madre cariñosa que da abrigo y sustento a sus hijos, si se les diera tierras y herramientas para sembrar, nadie abandonaría su patria para ir a mendigar el pan a otros países en donde se les desprecia y se les humilla.
Librado Rivera
(Político y periodista mexicano, 1864-1932)