La Seguridad es un ámbito dinámico y heterogéneo, en constante evolución y con un fuerte potencial de incertidumbre en cuanto a los posibles escenarios de amenaza que puede enfrentar. Lo inédito, lo imprevisto, es, de alguna manera, su normalidad. De aquí que lo que se puede considerar como su estado natural, es la Latencia, ya que en todo momento puede surgir cualquier forma de amenaza, aún aquellas que puedan parecer de fantasía o de ficción. Y por ello, el Profesional en Seguridad debe estar abastecido y preparado para conocer y entender las nuevas circunstancias, así como para enfrentar y superar las nuevas situaciones de riesgo que puedan surgir.
La actual pandemia del SARS-CoV-2, o Covid-19, como una versión Siglo XXI del Cuarto Jinete del Apocalipsis, se proyecta como un vector de amenaza social que responde a este escenario de ficción que se vuelve realidad, y cuya atención, si bien se trata de un tema de Salud, involucra la participación del Profesional de Seguridad, y por ende le impone nuevas exigencias.
En principio, el trabajo del Profesional de Seguridad, que consiste en enfrentar amenazas, detenta un sentido que se puede considerar como antinatural, ya que la expectativa que se le proyecta es dar el paso al frente cuando los demás retroceden. Para este propósito, las tareas genéricas que desempeña contemplan:
De las cuales la Vigilancia y la Restricción son funciones que se desempeñan en condiciones de normalidad, como parte de las rutinas, mientras que la Intervención es una función que se realiza en condiciones de excepción, cuando se ha presentado una alteración o ruptura de la normalidad, por el surgimiento de una amenaza o situación de riesgo.
En el escenario anterior al surgimiento de la actual pandemia del Covid-19, para la ejecución de tales tareas se requería algún grado, no sólo de presencia física sino incluso de proximidad por la necesidad de visualización directa para verificar identidades, o bien de interacción para efectuar revisiones o incluso confrontaciones, así como ciertas dificultades, como podría ser para enfrentar resistencia física a la aplicación de las Restricciones. Por su parte, bajo el escenario actual de la pandemia del Covid-19, estas dificultades se han ampliado por la incorporación de nuevas responsabilidades en las tres líneas de acción, así como obstáculos para un desempeño efectivo de las funciones de Seguridad, entre las que se pueden destacar, de manera enunciativa más no limitativa:
De tal suerte que, para el manejo de estas nuevas situaciones, así como para una ejecución efectiva de estas nuevas actividades, se requiere del abastecimiento de nuevos recursos, la adquisición de nuevos conocimientos, el desarrollo de nuevas destrezas y habilidades y la asignación de nuevas facultades
En este contexto se tiene que, a pesar de las nuevas circunstancias y formas de trabajo, así como la dotación de nuevos recursos y tecnologías de apoyo, la operación básica de la Seguridad requiere ineludiblemente de acciones con presencia y proximidad física del Profesional y de contacto con la gente. Por ello, la Seguridad se puede proyectar como una actividad esencial, en particular en lo que se refiere a la aplicación de las actuales restricciones sanitarias establecidas para enfrentar la pandemia del Cvid-19, en virtud de que, operen o no la actividad económica, los establecimientos mercantiles, las cadenas de valor o la simple dinámica ciudadana, los elementos de Seguridad deben desplegarse físicamente y actuar a fin de proteger la continuidad, tanto de los procesos sociales como de los procesos de negocio. Esto significa que la Policía estará desplegada en las calles y los elementos de Seguridad Privada en sus asignaciones de servicio.
Para estos efectos se puede establecer que el Profesional de Seguridad, al igual que el Personal de Salud, también, están en la primera línea de posible contagio, pero en el primer caso con mayor incertidumbre y exposición, ya que mientras el Personal de Salud tiene certeza razonable acerca del estado de salud de sus contactos, y al menos tiene los conocimientos y destrezas para su manejo, así como acceso a recursos de protección (trajes, guantes, aislantes), el Profesional de Seguridad tiene ineludiblemente contacto físico con una mayor diversidad de personas, con total incertidumbre acerca de su estado de salud, y no se le suele dotar de los conocimientos y destrezas para su manejo, ni de recursos de protección.
Por tanto, se plantea que, como una cuestión fundamental de soporte al potencial de efectividad, y que fortalece tanto el atributo de Aptitud (capacidad para hacer) como de Actitud (voluntad para hacer), el Profesional de Seguridad, tanto en el ámbito de Servicio Público como el Servicio Privado, y al menos en las modalidades de Seguridad Física (Fuerzas Armadas, Policías, Guardaespaldas, Guardias intramuros y custodia de transporte) deben ser considerados como un segmento de población prioritario para la aplicación de vacunas contra el Covid-19.
El Profesional de Seguridad sale todos los días de su casa al trabajo … sin saber si regresará.